23 julio 2006

El viaje a la India del pasajero

Transcurrieron varias semanas sin que Pasajero viese al anciano, y no por ello mermó, en lo más mínimo, su anhelo en ir tras la pista del Maestro.
Asistía diariamente a la Facultad, pero su atención no estaba puesta en las conferencias que daban los profesores; un profundo deseo iba creciendo en él y parecía estar dispuesto a dejar los estudios para dedicarse por entero a la búsqueda del ser que llenaría su vacío interior.
Siempre que regresaba a su casa, tenía la sensación de estar perdiendo un tiempo precioso, puesto que lo único que podía saciar su sed era la posibilidad de beber del manantial de la verdad, y hasta que esto no sucediera, su corazón estaría sufriendo irremisiblemente.

Después de reflexionar varios días sobre el asunto, decidió ir a ver al anciano.
Anónimo era su amigo y estaba seguro de que él le daría un sabio consejo sobre lo que debería hacer.
Al atardecer se dirigió hacia el domicilio del viejecito. Subió en el ascensor hasta el ático e hizo sonar el timbre...
Después de insistir varias veces y viendo que la puerta no se abría volvió a bajar y preguntó en la portería acerca del anciano:
-¡Perdone! ¿Sabe usted dónde está el señor del Ático? -preguntó Pasajero.
-¡Tú debes ser su amiguito! ¿no? -contestó la portera.
-Sí señora. Hace ya algún tiempo que no nos vemos, y hoy que necesitaba hablar con él, no está.
-¡He de darte una triste noticia, hijo mío! -contestó la portera con los ojos bañados en lágrimas-. El señor del Ático nos dejó definitivamente la semana pasada. El pobre estaba muy viejecito y su cuerpo no pudo resistir más. Antes de morir me habló de ti y me dijo que te diera este paquete; dentro de él hay una carta que debes leer.
Pasajero no pudo reprimir su pena y comenzó a llorar. Tomó el paquete y se despidió cariñosamente de la portera del inmueble.

Regresó a su casa sumido en una profunda amargura. Entró en su estancia y, con gran desconsuelo, se dejó caer sobre su lecho, mientras que la delicada imagen del anciano se hacía presente en su pensamiento.
Abrió el paquete en medio de sollozos y en su interior halló el Evangelio de Acuario de Jesús el Cristo, un sobre, y una bolsa de granos para las palomas.
A continuación leyó el contenido de la carta:
“A mi joven amigo, Pasajero:
“Antes de nada, quiero decirte que no debes entristecerte por mi partida. Mi corazón ya estaba preparado para abandonar este mundo. Durante largo tiempo he esperado este momento y me siento muy feliz al saber que ha valido la pena retrasar la hermosa misión de ser llevado a otros planos de conciencia, solamente, por haber compartido contigo algunos momentos llenos de felicidad y cariño. Gracias por haberme ofrecido tu amistad y aprecio.
“Te dejo como recuerdo el Evangelio de Acuario; entre sus páginas encontrarás un talón de dos mil Euros. Es toda mi fortuna. Pienso que nadie mejor que tú hará buen uso del dinero.
“Como verás, también me acuerdo de nuestras palomitas. Reparte el contenido del paquete entre los parques de la Ciudadela y la Sagrada Familia. ¡No te olvides de darles de comer de vez en cuando, por favor!
“El ruiseñor de la esperanza me está acompañando en mi agonía; me da la impresión de que mi corazón ha abierto sus puertas al hermoso pájaro, y éste ha penetrado en mí, ya que también oigo su cántico melodioso en mis sueños.
“Alrededor de mi lecho percibo una presencia luminosa, rebosante de amor, como si estuviese esperando pacientemente mi último aliento de vida; y escucho sin cesar una música celestial que desborda mi alma de quietud.
“No temas a la muerte, Pasajero. No es más que la transición de este mundo finito al otro eterno. Vinimos a esta vida en un cuerpo para que nuestra alma pudiera gozar a través de los sentidos de este paraíso terrenal, pero al dejar esta existencia, por ley natural, también debemos abandonar el cuerpo que se nos prestó, puesto que al lugar que vamos no lo necesitamos.
“¡Busca y encontrarás, Pasajero...! ¡Sigue a tu corazón y no escuches a tu mente! Explora los rincones del planeta y no desfallezcas hasta encontrar al Maestro. Él vela por sus devotos día y noche. Recuerda que, cuando el discípulo está preparado…
“Hasta siempre compañero del alma.”

A la mañana siguiente, Pasajero, fue al parque de la Ciudadela y esparció los granos alrededor del banco donde conoció por primera vez al anciano. Todas las palomas volaron hacia él y le rodearon; las aves parecían intuir en la tristeza de Pasajero que su viejo amigo ya no volvería más.
Cuando emprendieron el vuelo, Pasajero se dirigió hacia el parque de la Sagrada Familia e hizo la misma operación. Esta vez se mostró más animado y acarició amorosamente a las palomas.
Se quedó un rato recordando el escrito de su amigo, y cuando pasaron algunos minutos fue hacia la entidad bancaria a retirar su pequeña herencia.
Ya tenía decidido qué hacer con el dinero, pues lo emplearía en el viaje que estaba planeando realizar a la India.
Hacía tiempo que Pasajero no tenía noticias de Pedro; desde que se despidieron en el parque, no volvieron a saber el uno del otro.
Pasajero decidió llamar a su amigo para hablarle del proyecto. Buscó el número de teléfono en su agenda y se puso en comunicación con él:
-¿Está Pedro? ¡De parte de Pasajero, por favor! -dijo éste.
-¡Hombre, Pasajero, ya era hora de que nos pusiéramos en contacto! ¿Cómo te va? -contestó Pedro.
-¡Hola, Pedro! Te llamaba porque quería comentarte un asunto que tengo entre manos. ¿Te parece bien que nos veamos esta tarde, a las siete, en la Sagrada Familia?
-De acuerdo Pasajero; allí estaré.
Pasajero no sabía cómo decirles a sus padres lo que estaba tramando. Jamás comprenderían la importancia de este viaje, puesto que para ellos la vida representaba finalizar unos estudios y encontrar un trabajo estable. Tenían una mentalidad tradicional y conservadora, y nunca verían con buenos ojos una decisión de esta trascendencia.
Pasajero, días atrás, fue a sacarse el pasaporte con visado de turista y a comprar algunos utensilios que necesitaba. Sólo le hacía falta una tienda de campana, pues ya tenía la mochila y un buen saco de dormir.
La muerte del anciano había influido notablemente en su firme decisión de partir hacia la región más espiritual del planeta. Una fuerza incontrolable le impulsaba a iniciar la hermosa aventura de explorar la tierra de los brahmanes y sadhus que dedicaban toda su vida a la búsqueda de la verdad. Sabía que la empresa sería difícil, ya que tenía que enfrentarse a costumbres y conceptos totalmente opuestos a todo lo que había experimentado en su corta existencia, pero su inquietud era tan fuerte, que estaba dispuesto a afrontar todas las vicisitudes que le salieran al paso.

Cuando llegó la hora de su cita con Pedro, partió hacia el parque. Muchas cosas habían sucedido en la vida de Pasajero desde que se vieron por última vez.
Se sentó en uno de los bancos, y mientras esperaba la llegada de Pedro, pensaba:
“¿Por qué algunos seres humanos nacemos con una inquietud existencial muy profunda, y hasta que no encontramos la respuesta a la llamada interior no nos sentimos satisfechos? ¡Quizás en vidas anteriores fuimos discípulos de otros Maestros y nos marchamos de este mundo con el deseo de regresar otra vez para seguir caminando en el sendero de la devoción!
“¡Pobre Anónimo, qué gran corazón tenía! Antes de conocerme, sólo había un amigo en su vida: el Creador. A Él se dedicó durante toda su existencia, reconociéndolo en el revolotear de las palomas, en el dulce canto del ruiseñor, en el titilar de las estrellas en el firmamento, en las aguas tranquilas del mar, en el tímido balanceo de las hierbas, y en la amistad que surgió entre nosotros dos. ¡Qué más puede desear un ser humano, cuando aprecia el amor manifestado en esta creación y lo relaciona con la fuente de donde emanó tanta perfección!"

Sumido en estos pensamientos no se había percatado de la presencia de Pedro que tuvo que darle una palmadita en el hombro para hacerle reaccionar:
-¡Eh, despierta! Siempre estás ensimismado -dijo Pedro.
-Perdona, chico; no te había visto -contestó Pasajero.
Los dos amigos se dieron un fuerte abrazo.
-Estoy planeando realizar un viaje a la India. Te he llamado para ver si querías venir conmigo.
-¡Hombre Pasajero, no me esperaba esto, me has cogido desprevenido! ¿Por qué quieres ir tan lejos?
-Deseo ir tras el Maestro. En este tiempo que no nos veíamos, conocí a un anciano que había estado en la India e hicimos muy buena amistad. Hablamos de nuestras inquietudes existenciales y llegamos a la conclusión de que en esta época de oscuridad que atraviesa la Humanidad, necesariamente, habría de manifestarse el verdadero guía espiritual. Luego me confesó que nacería un hiño hindú y que sería el nuevo avatara. Ayer me enteré de la muerte de mi amigo y de que me dejó una pequeña herencia. Estoy dispuesto a pasar de todo y marcharme.
-¿Qué medio utilizarás para ir?
-El avión, por supuesto.
-Parece paradójico que alguien que va tras la verdad, utilice el transporte aéreo, ¿no?
-Lo que me parece ridículo es tener que ir andando en pleno siglo XX. Que esto lo hicieran Cristo o Buda, que tenían que desplazarse por sus propios recursos naturales, para propagar el mensaje de salvación, lo considero normal, puesto que en aquel entonces carecían de medios... Tenemos tantos prejuicios acerca del camino de la verdad, que hemos construido una muralla con nuestros conceptos, y éstos, nos impiden vislumbrar la simpleza de la vida.
-Bueno hombre no te pongas así; lo he dicho simplemente porque me parecía gracioso.
-Dime una cosa, Pedro: ¿crees, sinceramente, que si en tiempos de Cristo hubiese habido coches, el Mesías se hubiera desplazado andando, o encima de un asno?
-¡Claro que no!
-Pues, estamos de acuerdo…
-Bueno, cambiando de tema; ¿se lo has dicho a tus padres?
-No pienso decírselo, pues no lo entenderían. Les escribiré desde allí. Ya lo tengo todo preparado; sólo me hace falta una tienda de campaña.
-Te puedo dejar la mía; es de dos plazas. Lo siento Pasajero, no me pidas que vaya contigo.
-No te preocupes; lo comprendo perfectamente. Yo no puedo permanecer estático sabiendo que la razón de mi existir anda en un cuerpo por este mundo.
-Si quieres, mañana puedo traerte la tienda.
-¡No! Prefiero ir yo a recogerla. No quiero que mis padres sospechen nada. Sería terrible para ellos.
-¡Bueno Pasajero! ¿Supongo que escribirás desde la India? Ya me contarás cómo te va por esas tierras... Mañana ven a la hora que quieras; tendré preparada la tienda.

Pasajero estaba en su aposento ultimando los preparativos para la marcha. Experimentaba un fuerte impulso interior que le hacía estar seguro de sí mismo. Jamás había tomado una decisión tan trascendental, pero estaba dispuesto a confiar en el poder que controla a todo el Universo. Sentía que no estaba solo y que alguien velaba por él.
Por primera vez iba a romper las cadenas que le ataban a la familia y a los estudios en aras de encontrar la verdadera libertad. Intuía que, hasta que esto no sucediera, seguiría esclavizado a sus conceptos sobre el sendero de la verdad, puesto que ésta, tenía que ser práctica y no idealizada. Sabía que su nivel de comprensión era elevado, mas de nada le serviría hasta que su conciencia no entrase en contacto directo con la perfección.
Cuando terminó de recoger todo aquello que habría de llevarse, fue hacia el salón para estar con sus padres. Era la última noche que pasaría con ellos y quería dedicarle su tiempo y cariño.
Cenaron juntos y a continuación pasaron a ver el programa de televisión. Pasajero trataba de ser comunicativo con ellos, pero dándose cuenta de la muralla que existía, se limito a estar presente.
Mientras su mirada estaba puesta en el receptor, pensaba:
“El único momento del día que se reúne toda la familia, en vez de compartir las respectivas inquietudes o fomentar las relaciones entre padres e hijos, nos dedicamos a permanecer pasivos ante el medio visual, esperando, pacientemente, que nos laven el cerebro. No dudo que sea ésta la razón por la cual algunos líderes políticos deseen tanto utilizar y manipular este medio de comunicación de masas.”
Como no estaba dispuesto a resistir mucho tiempo la programación de turno, Pasajero se incorporó del sofá y después de besar a sus padres, marchó a su estancia...

Pasajero se levantó temprano y, aprovechando la salida de su madre para realizar la compra del día, cogió la mochila y se dirigió a la casa de su amigo.
Llamó al timbre y Pedro salió al instante... Decidieron ir a tomarse un café en el bar de la esquina, puesto que Pasajero tenía que pedirle un favor a su amigo, y todavía era temprano para marcharse hacia el aeropuerto.
-Mucho te agradecería, Pedro, que fueras esta tarde a mi casa y le dijeras a mis padres que me voy a la India por dos o tres meses.
-No quiero que estén preocupados, o que empiecen a indagar en hospitales, o se pongan en contacto con la policía. Puedes contarles también el motivo de mi viaje; así lo verán con mejores ojos, pues creerán que forma parte de mis investigaciones y estudios; no obstante, yo les escribiré desde allí y los tranquilizaré un poco.
-Puedes confiar en mí, Pasajero. Hablaré con tus padres y trataré de que lo comprendan -contestó Pedro.
Después de charlar durante un rato se despidieron y Pasajero partió hacia el aeropuerto, dispuesto a emprender su aventura.

Pasajero, con su pequeña herencia, tenía suficiente para el billete de ida y vuelta y su manutención durante el tiempo que pensaba permanecer en la India.
Compró algunas revistas y, mientras esperaba la salida del avión, se tomó un aperitivo en el restaurante del aeropuerto.
Pasajero esperaba relajado el acontecimiento que estaba a punto de llevar a cabo. Era su primer vuelo y sabía que la duración de éste era de bastantes horas. Una vez en Delhi tomaría un tren para arribar a su destino definitivo que era la ciudad santa de Varanasi.
Cuando escuchó por los altavoces el aviso de embarque, se levantó decidido y se dirigió hacia la sala de control; una vez pasado, sin problemas, fue conducido hacia el avión.
Ya no podía dar marcha atrás. La decisión había sido tomada y a partir de ahora tendría que afrontar todas las consecuencias con firmeza y confianza.
El aparato volaba por encima de las nubes con rumbo fijo. Así daba comienzo una etapa decisiva para las esperanzas que Pasajero había depositado en su venturosa búsqueda por tierras Santas…

Tras un agotador viaje hicieron escala en Bombay y Pasajero tenía que cambiar de avión con rumbo a Delhi. Antes de subir al aparato disponía de tiempo suficiente para refrescarse un poco la cara y tomar un refrigerio.
La diferencia del clima era notable y Pasajero se despojó de la cazadora. Su deseo se había hecho realidad, ya que estaba pisando tierra sagrada.
Compró una guía turística y se encaminó hacia la puerta de embarque. Un joven con indumentaria europea pero de tez oriental, que se dirigía también a Delhi, se acercó a Pasajero y le preguntó en inglés:
-Perdona mi indiscreción. Te he estado observando y me da la impresión de que es la primera vez que visitas la India ¿no es así?
-Es cierto -contestó Pasajero-. Supongo que habrás notado cómo miraba a mi alrededor tratando de fotografiar con mis ojos todo aquello que se manifestaba ante mí.
-Es normal y le ocurre a todo el mundo. Al principio nos cuesta adaptarnos al lugar que nunca hemos visitado, pero el tiempo se encarga de que se convierta en indiferencia aquello que en un principio era admiración.
-Yo creo que mi corazón jamás se sentiría saturado de la riqueza espiritual que existe en la India.
-Veo que tú también, al igual que miles de occidentales que pasan por aquí, vienes a buscar lo que en tu país no has descubierto.
-Sinceramente he de decirte que sí, y la razón es que nos aventajáis en muchos años en vuestra dedicación de cultivar el espíritu por encima de cualquier otra actividad social. Por eso, no me extraña que tengamos que venir de otros rincones del planeta a indagar por estos santos lugares, buscando la respuesta a nuestra incógnita interior.
Subieron al avión y continuaron dialogando durante el trayecto. El joven hindú parecía insinuarle a Pasajero su desencanto hacia la India actual.
Pasajero, por su parte, no podía dar crédito a lo que intentaba transmitirle su compañero de viaje, ya que parecía desprestigiar aquellos valores que, precisamente, lo motivaron a emprender su aventura por estas tierras.
Una vez llegaron a Delhi, el joven hindú, con una sonrisa irónica, se despidió de Pasajero diciéndole:
-¡Espero que encuentres lo que has venido a buscar desde tan lejos...!
Pasajero, un poco molesto por la actitud de su acompañante, miró fijamente sus ojos y le dijo;
-Por estas tierras nació el adagio: “utiliza las palabras cuando sean más importantes que el silencio”. Nunca menosprecies a un ser humano, sea cual sea su condición, porque de uno de ellos recibirás algún día la experiencia que disipará tu orgullo.
Pasajero se alejó del joven, que permanecía sin moverse, observando cómo su interlocutor había quedado sorprendido por su respuesta.
A continuación se dirigió hacia el norte de la ciudad para visitar el casco antiguo; tras recrearse durante un rato, y descansar a continuación en un parque cercano, se encaminó hacia la estación ferroviaria...

El tren llegó a Varanasi al atardecer y Pasajero buscó alojamiento en un hotel. El Sol no tardaría en ocultarse y no le daría tiempo de encontrar una zona tranquila donde instalar la tienda de campaña.
Pasajero, queriendo someter a prueba su estómago degustando la comida hindú, entró en un restaurante para comprobar prácticamente la fama de sus salsas picantes... No tardó mucho tiempo en darse cuenta de que sus entrañas estaban ardiendo; rápidamente tuvo que pedir una botella de agua al camarero que, con una sonrisa en los labios, le había advertido de antemano.
Después de aprender la lección, abandonó el establecimiento y se retiró a su aposento; acusaba el cansancio del viaje y lo que más le apetecía, en esos momentos, era descansar plácidamente.
Los rayos solares penetraron en la estancia de Pasajero y le dieron la bienvenida al espléndido día que se manifestaba sobre la ciudad santa.
Se levantó de la cama presto a iniciar la esperanzada misión que le había traído por estos parejes. Abandonó el hotel y emprendió la marcha, con su mochila, hacia las orillas del Ganges.
Pasajero fue recorriendo los lugares turísticos, pudiendo observar con asombro el arraigo tradicional de creencias que permanecían inalterables con el paso del tiempo. Transitaba por callejones repletos de peregrinos y estuvo visitando los crematorios a las orillas del Ganges, donde, una vez efectuadas las incineraciones, las cenizas eran arrojadas al río sagrado.
En su marcha hacia la desembocadura del Varona, buscando una zona tranquila donde acampar, Pasajero se cruzaba con sadhus vestidos con túnicas de color azafrán, ancianos decrépitos esperando pacientemente la muerte, y algún que otro yogui retorciendo su cuerpo.
Montó la tienda a orillas del río y bajo un frondoso árbol; sacó de la mochila el libro del Evangelio de Acuario, y dedicó toda la tarde a la lectura del interesante libro, aislado de un apacible silencio...

Al despuntar el alba, Pasajero emprendió la búsqueda de algún guru que pudiera responder a sus preguntas.
Deambulaba por senderos angostos cuando, repentinamente, divisó a lo lejos a un grupo de personas apiñadas en torno a un brahmán. El sacerdote platicaba en hindi y los discípulos escuchaban con gran atención las enseñanzas del erudito. Pasajero se acercó con lentitud y, sin hacer ruido, se sentó en el suelo.
A pesar de no entender nada de lo que se decía, podía percibir una vibración positiva que emanaba de las palabras del anciano. De vez en cuando el brahmán era interrumpido por alguno de los allí presentes, y el maestro, que radiaba una alegría inefable, respondía pacientemente a las dudas de sus discípulos.
Una vez hubo finalizado el prolongado discurso espiritual, los oyentes fueron abandonando el paraje y prosiguieron su camino. Pasajero permaneció sentado en el suelo mirando fijamente al anciano que, con voz sosegada, se dirigió a él y le preguntó en inglés:
¿Qué deseas, hijo mío?
-¡He venido desde muy lejos con la esperanza de encontrar al Maestro! -exclamó Pasajero.
-¿Qué clase de Maestro buscas?
-¡Aquél que pueda mostrarme el sendero de la verdad!
-¿Qué es la verdad para ti?
-La experiencia suprema de amor y felicidad que alcanza el ser humano cuando se relaciona prácticamente con la energía interior que le da vida.
-¿Y qué es esa energía interior?
-La vibración primordial de donde surgió toda la Creación.
-¿Y para ti qué es esa vibración primordial?
-El Nombre de Dios, el Verbo, la Palabra...
-¿Puedes decirme el Nombre de Dios?
-El Maestro Lao Tse escribió una vez: "El Nombre que puede ser pronunciado no es el verdadero Nombre" –contestó Pasajero.
El brahmán, con frente serena, fijó su mirada en los ojos de Pasajero y le dijo dulcemente:
-¡Hijo mío! Lo que estás buscando es lo más sublime que puede alcanzar un hombre en todas sus reencarnaciones. Yo puedo enseñarte a hacer viajes astrales o a levitar si lo prefieres, pero esa verdad de la que tú me hablas, solamente, un alma grande puede mostrarla. Aquel que procede de la luz es el único que tiene el poder de llevarte a ella. Si un día encuentras al poseedor de esa llama interior, ven y dímelo; te estaré esperando pacientemente.
Pasajero, tras ofrecer su agradecimiento al anciano sacerdote, prosiguió su camino.…

Transcurría el tiempo, y las expectativas que Pasajero había depositado por estos parajes iban desvaneciéndose paulatinamente. Un sentimiento de desesperanza le estaba produciendo un dolor muy profundo en su estado de ánimo.
Cierto día, mientras Pasajero se hallaba a la orilla del río Varuna, contemplando el fluir de las aguas en su constante afán de fundirse al Ganges, se le acercó un sadhu con la cabeza rapada y se colocó junto a él sin decir nada.
Pasajero, que no se inmutó al principio, pero viendo que su acompañante no decía una palabra, le miró sorprendido y le comentó:
-¿Qué sensación más placentera produce observar el correr de las aguas; no es cierto?
El sadhu le miró sonriente y asintió con la cabeza. Pasajero, totalmente desconcertado, le dijo:
-¿Eres mudo?
El joven miró a Pasajero y con un movimiento de cabeza le dio a entender que no.
-¿Entonces, por qué no hablas? ¿Estás haciendo voto de silencio? -preguntó Pasajero.
El sadhu hizo un ademán afirmativo y le expresó con gestos que le dejara tranquilo.
Pasajero dejó de molestarle y se tumbó de espaldas sobre el césped dispuesto a contemplar el despejado cielo.
Después de unos instantes de silencio, Pasajero volvió a insistir y le preguntó al extraño personaje:
-Perdóname que te moleste pero es que tengo una duda acerca de tu actitud de permanecer callado. ¿Quisiera saber si el tiempo que llevas sin pronunciar una sola palabra, has estado en silencio interior, o por el contrario, continúas hablando dentro de ti?
El joven le hizo entender a Pasajero, que constantemente escuchaba una voz dentro de él y que no paraba de hablar.
-¿Entonces, de qué te sirve no utilizar el don de la palabra, si continúas hablando interiormente a pesar de tu voto de silencio? -murmuró Pasajero.
El sadhu se incorporó raudo y veloz sumido en una profunda exasperación y, ante la irrebatible réplica de Pasajero, partió del lugar vomitando maldiciones y todo tipo de presagios.
Pasajero continuó echado sobre el césped, mientras pensaba:
“¡Es impresionante el poder que ejerce sobre los individuos un concepto, sobre todo y en particular, religioso...!
“Nosotros, los occidentales, estamos inmersos en una sociedad materialista, donde la tecnocracia y el consumismo son nuestros dioses; sin embargo, en el tiempo que llevo en la India he podido vislumbrar con claridad meridiana el antagonismo oriental, produciéndome una total frustración y desengaño. En estas tierras, donde se supone que deba reinar los valores más ennoblecedores y la plena dedicación a la práctica de la verdad, lo que se manifiesta ante mis ojos son fanáticos llenos de prejuicios religiosos y haciendo culto a costumbres y creencias totalmente marginadas de la realidad espiritual del hombre.
“El confusionismo que nos azota es como una plaga que se extiende paulatinamente por todos los rincones del planeta siguiendo al espejismo de la realidad.
“¡En qué se ha convertido aquella India, residencia inmortal de Iluminados y Santos que difundieron a través de los tiempos las verdades sagradas e inalterables de Brahma, Rama, Krishna, Buda, Gurú Nanak, Ramakrishna!
“Ahora observo a mi alrededor el peregrinaje, folklórico y desvirtuado, de piadosos buscando en ritos y ceremonias lo que en su día fue la resurrección de los muertos en vida, cuando se hallaban ante la presencia física del Maestro.
“Ni oriente ni occidente pueden saciar, en la actualidad, la sed de mi corazón, ¿Dónde se esconderá el Divino Mensajero? ¿Por qué tarda tanto en manifestarse? ¿Qué ha de suceder aún en el mundo para requerir su presencia...?”

Pasajero, desafortunado hasta el momento en su ventura, emprendió la marcha hacia el punto de encuentro del peregrinaje budista; Sarnath, En esta ciudad, según cuenta la leyenda, Buda pronunció su primer discurso espiritual.
En su camino se encontraba con monjes que también seguían su misma dirección... Antes de llegar a su objetivo final, Pasajero divisó a un anciano, sentado al borde del sendero meditando en posición de loto, y se dirigió hacia él. Se sentó encima de la mochila y esperó tranquilamente a que el monje abriera los ojos.
Transcurrió una media hora y el anciano, que parecía estar en un éxtasis profundo, volvió en sí. Pasajero le miró con expresión suplicante, dándole a entender que necesitaba ayuda, y exclamó:
-Perdona mi atrevimiento y las molestias que te haya podido ocasionar por estar aquí a tu lado mientras meditabas. Deseo profundamente aprender a sosegar mis sentidos como tú lo haces ¿Podrías enseñarme?
El monje, con un apacible rostro que infundía confianza, le dijo con voz serena:
-¿Cómo puedes saber que tenía cerradas las ventanas del mundo sensorial? ¡Bien podría haber estado haciendo otra cosa, como por ejemplo: pensar, imaginar o recordar,..!
-Soy muy sensible para captar cuando un ser está escuchando el latir de su eterno corazón -dijo Pasajero-, y se halla sumergido en el océano de amor y quietud. Tuve un amigo, muy querido para mí, que me hablaba de ese Reino interior, y cuando entraba en profunda meditación, como tú lo haces, emanaba de él la misma paz que tú me estás transmitiendo ahora mismo.
-¿Y qué esperas de mí?
-¿Puedes mostrarme las cuatro nobles verdades de Buda? Es la meta más ambiciosa que puede llegar a alcanzar un humilde y sincero buscador de la verdad.
-¿Quién te ha dicho su número?
-Todas las Escrituras Sagradas que he examinado minuciosamente, coinciden en resaltar las cuatro manifestaciones que existen para experimentar la energía interior.
-Veo que estás instruido en el sendero de la verdad, pero he de advertirte que, aunque seas iniciado en estas técnicas de Raja Yoga, necesitarás recibir en su momento oportuno la Gracia, que únicamente puede transferirte el Buda encarnado.
-¿Y cuando llegará ese día tan esperado por mí?
-La paciencia es una virtud que deberías aprender a cultivar, puesto que necesitarás hacer uso de ella en el interminable sendero de la verdad... Al igual que el buen jardinero sabe cuando es el tiempo para cortar una flor, de la misma manera, el Maestro posee la conciencia suprema para decidir cuando ha de manifestarse entre los hombres; por lo tanto, debes perseverar en tu anhelo. No olvides nunca, que en tu debilidad se halla tu fortaleza.
-Pero a veces es insoportable el sufrimiento que experimento cuando contemplo con impotencia la ignorancia y la confusión que nos rodea.
-El hombre sabio pasa inadvertido por este mundo, y todo lo que percibe con sus sentidos no le produce el menor daño, debido a que su foco de atención será siempre lo eterno e inmutable.
-¿Podré llevar a cabo durante esta vida la unión con el Todo?
-Depende de lo receptivo que estés a la experiencia.
Cuando te sean mostradas las nobles verdades de Buda, poseerás el instrumento genuino para penetrar en tu interior y fundirte con la energía suprema. A partir de ese momento, tú serás el camino y siempre te acechará el enemigo que todos llevamos dentro, pues intentará por todos los medios desviar tu atención hacia los deseos mundanos. La lucha será titánica, pero tendrás por aliado el viento de la Gracia que, impulsará, con fuerza suficiente, las velas del barco para que éste arribe a buen puerto. Deberás ser constante y perseverar hasta el fin, puesto que una vez hayas visto la Luz con la visión interior, nunca podrás negar su existencia. También debes saber que cada paso que des tendrá que ser siempre hacia adelante, porque no habrá sendero hacia atrás.
Ambos prosiguieron su marcha y el monje acompañó a Pasajero hacia un monasterio budista.…

Transcurrieron algunas semanas y Pasajero soportaba con voluntad y tesón la disciplinada vida monacal en aras de alcanzar el precioso tesoro que su corazón pedía a gritos.
Cierto día, cuando Pasajero se hubo olvidado por completo del motivo por el cual estaba en el monasterio, y toda su concentración se hallaba puesta en las tareas que le encomendaban, fue llamado por el monje que encontró en el sendero:
-¡Hijo mío, creo que ha llegado el tiempo en que seas iniciado! -exclamó el anciano con una sonrisa en los labios y mirando tiernamente a Pasajero-.
-He seguido tus pasos muy de cerca, sin que hayas sido consciente de ello, y he de confesarte que has madurado con bastante rapidez. Las labores en las que has estado ocupado han ido labrando con delicadeza tu corazón, para que la semilla que vas a recibir pueda germinar con fuerza y vigor. Ahora tu rostro irradia quietud, y tu mirada es limpia y real. Por lo tanto, ha llegado la hora de que puedas beber del manantial de la sabiduría.
-Nunca pude sospechar que fueras tú, quien me abriera la puerta de mi corazón -contestó Pasajero con voz sosegada-.
Pero, ahora comprendo, perfectamente, que todos somos marionetas en manos del Creador. É1 fue quien te cruzó en mi camino y te eligió para que fueses un instrumento de su amor. En este tiempo de estancia en el monasterio tuve que quemar mi impaciencia y orgullo a través de la acción, para llegar a comprender el secreto de la no acción; y el anhelo que motivó mi partida hacia estas lejanas tierras se ha extinguido por completo. Sin embargo, un sentimiento de bienaventuranza ha arraigado, profundamente, en mi corazón.
-No debes olvidar jamás, Pasajero, que hemos de retroceder todo lo andado en este mundo, si queremos escuchar el eterno latir de nuestra alma. Solamente, aquellos que se conquistan a sí mismos y llegan a tener la simpleza y el corazón de un niño, son los afortunados para tan dichosa experiencia.
-¿Y qué he de hacer para alcanzar la sencillez de la que me hablas?
-Simplemente esperar con paciencia a que germine y dé su fruto la semilla que será plantada en tu interior. Dale tiempo al tiempo y observa con amor el florecimiento de la sabiduría que disipará la oscuridad e ignorancia que has acumulado en este mundo de ilusión, pues será ella, la que desvelará todos los misterios ocultos desde antes de tu nacimiento espiritual. Mañana será un día glorioso para ti, Pasajero, pues conocerás directamente la fuente de amor que te hace respirar, y verás cara a cara el rostro resplandeciente del Todopoderoso. Ahora ves a tu aposento y duerme tranquilo, porque al despuntar el alba deberás estar aquí descansado y despierto para tu iniciación.…

Después de que le fuese mostrado el secreto que con tanto celo había sido protegido y ocultado a través de los tiempos, Pasajero se retiró al bosque a meditar y a realizar la experiencia de la verdad dentro de sí.
Situó la tienda de campaña bajo la sombra de un árbol y permanecía la mayor parte del tiempo en su interior, practicando pacientemente el arte de concentrar su atención (meditar) en las técnicas que le fueron reveladas.
Todas las experiencias que había leído acerca del sendero interior, estaban siendo una realidad para Pasajero, puesto que en el ir y venir de su conciencia podía percibir la situación de los centros de energía que se hallaban repartidos a lo largo del cuerpo. También era consciente, de una parte, de las sensaciones que estimulaban su instinto sexual, y de otro lado, del poder que la mente ejercía sobre él sin que se diera cuenta. Pero, lo que más despertó su entusiasmo y dicha fue, sentir un profundo amor al reposar su atención en el punto concreto que le señaló el monje; para ello, tenía que ir surcando o rechazando los pensamientos y las extrañas vibraciones que se manifestaban en el camino de su aventura interior.
Pasajero fue practicando por separado cada una de las técnicas, pudiendo comprobar con claridad manifiesta que, el resultado de su experiencia coincidía exactamente con lo que había escrito la noche en que despertó con un profundo deseo de expresar su estado de plenitud.
Ahora comprendía lo que significaba la resurrección de los muertos. Tenía la sensación de haber nacido de nuevo a la vida, pero esta vez sabiendo, perfectamente, donde se hallaba la verdadera realidad del ser.
El calor de la tienda era insoportable. Pasajero tuvo que salir y permanecer en el exterior, desprovisto de su indumentaria. Miraba al cielo como si fuese la primera vez que lo veía; escuchaba el cantar de los pájaros y quedaba extasiado con su melodía; percibía el respirar de los árboles y el latir de las plantas... Todo era armonía y belleza a su alrededor, y desde su corazón lanzaba un grito de alabanza y agradecimiento hacia el Creador por sentirse vivo y rebosante de felicidad.
Pasajero cogió el saco de dormir y lo extendió en el suelo a la sombra de un árbol. Se sentó encima de él y puso en práctica una de las cuatro técnicas de meditación: La Palabra. A medida que su atención se sincronizaba con la vibración primordial, era consciente de cómo su esencia trascendía los límites de su cuerpo y se fundía lentamente en el eterno latir del universo. Era una experiencia indescriptible. Pasajero percibía en ese estado, que toda forma animada se hallaba unida por un cordón umbilical a la fuente de amor y armonía; y el resultado práctico de ese gratuito enlace se materializaba en la vida, puesto que toda manifestación viviente esta sujeta a esta ley natural.
Pasajero, cuando fue consciente de estar otra vez delimitado por su forma física, abrió los ojos y miraba a su alrededor, sorprendido de la increíble experiencia de la que había sido objeto. No pudiendo reprimir su felicidad y alegría, echó a correr por el bosque, contento y dando gracias al Todopoderoso por haber sido testigo del milagro de la vida. Ahora ya sabía que todas las especies que pueblan la Tierra, incluido el hombre, pronunciaban silenciosamente en sus corazones el Sagrado Nombre del Creador.…

En el transcurrir de los días, Pasajero se dedicaba a la práctica de la meditación y al examen minucioso de algunas Escrituras orientales que hacían referencia a la trascendental semilla que había sido plantada en su corazón.
A partir de ahora sería testigo de cómo en su interior florecería lentamente un hermoso jardín para su propio deleite.
Pasajero levantó la tienda y fue a visitar al monje:
-Perdona que haya requerido tu presencia -comentó Pasajero-, pero he de comunicarte que debo regresar a mi país. Una vez conseguido lo que tanto anhelaba, nada me queda por hacer aquí.
-Recuerda, Pasajero, que dondequiera que vayas has de tener presente una sola cosa. Este conocimiento que te he revelado y que siempre estuvo en ti, alcanzará su máximo esplendor y gloria cuando recibas la Gracia del Maestro que se ha de manifestar. Todos nosotros esperamos pacientemente su venida, porque el Buda se reencarnará de nuevo con más poder que nunca. No olvides jamás lo que acabo de decirte.
-Te estoy inmensamente agradecido por haber sido tú el instrumento que abriera la puerta de mi corazón. Ahora, la espera no será tan dolorosa, que me impida vivir en armonía con mi entorno natural y humano. Podré saborear el presente que siempre se me escapaba a causa de la desenfrenada actividad mental, y en mi ciudad natal, Barcelona, esperaré ilusionado la señal o la pista que el Maestro me envíe a través de sus múltiples manifestaciones; ya sea, por mediación de sus discípulos que propaguen su venida, o bien, utilizando al ruiseñor de la esperanza, puesto que a partir de estos momentos mi conciencia está lo suficientemente susceptible como para traducir cualquier mensaje que sea emitido por la Energía Superior que controla al Universo, Gracias otra vez, venerable amigo.
-Hasta siempre...

22 julio 2006

Los misterios del Reino – El Conocimiento de uno mismo

EVANGELIOS APÓCRIFOS - EVANGELIO DE SANTO TOMÁS

3. Ieoshúa ha dicho: Si aquellos que os guían os dijeran, “¡Ved, el Reino está en el Cielo!”, entonces las aves del Cielo os precederían. Si os dijeran, “¡Está en el mar!”, entonces los peces del mar os precederían. Más bien, el Reino de Dios está adentro de vosotros y está fuera de vosotros. Quienes llegan a conocerse a sí mismos lo hallarán y cuando lleguéis a conoceros a vosotros mismos, sabréis que sois los Hijos del Padre viviente. Pero si no os conocéis a vosotros mismos, sois empobrecidos y sois la pobreza.

17. Ieoshúa ha dicho: Yo os daré lo que ningún ojo ha visto y ningún oído ha escuchado y ninguna mano ha tocado y que no ha surgido en la mente humana.

62. Ieoshúa ha dicho: Yo comunico mis misterios a quienes son dignos de mis misterios.

LOS POEMAS DE KABIR - XVII

Brilla resplandeciente la luz del Sol,
de la Luna y de las estrellas; suena la melodía del amor,
y el ritmo del desinterés marca el compás.

Día y noche
el coro de armonías inunda los cielos y Kabir dice:
“Mi Amado brilla como el destello de un relámpago.”
¿Sabes tú cómo cada instante le ofrece adoración?
Ondeando su hilera de lámparas,
entona el universo noche y día un canto de elogio.
Ahí se hallan el estandarte oculto y el dosel secreto;
Ahí se oye la música de invisibles campanas.
Dice Kabir:
“Incesante es ahí la adoración;
ahí ocupa Su trono el Señor del Universo.”

Cometiendo sus errores sigue su curso el universo entero:
pocos son los amantes que conocen al Amado.
El verdadero discípulo es aquel que reúne en su corazón
la doble corriente del amor y el desinterés,
como se mezclan las aguas del Ganges y del Jumna;
En su corazón fluye noche y día el agua sagrada,
y así llega a su fin el ciclo de nacimientos y muertes.

Contempla cuan maravillosa es la paz en el Espíritu Supremo,
y sólo la disfruta quien de ella es digno.
Sostenido por los lazos del amor,
se mece el océano de la beatitud,
y el poderoso sonido estalla en canto.

¡Contempla cómo ahí florece el loto sin agua!
Y Kabir dice:
“La abeja de mi corazón se embriaga en su néctar.”

¡Qué loto tan maravilloso es el que florece
en el centro de la rueca del universo!
Sólo unas pocas almas puras llegan a percibir
su verdadero deleite.
La música lo circunda todo,
y es ahí donde el corazón
participa del júbilo del Mar Infinito.

Dice Kabir:
“Sumérgete en ese Océano de dulzura,
y deja que en él se ahoguen los errores
de la vida y de la muerte.”

¡Contempla cómo se apaga ahí la sed de los cinco sentidos,
y cómo desaparece la miseria en sus tres formas!
Dice Kabir:
“Tal es el juego del Inalcanzable:
entra en tu interior y observa cómo resplandecen en tí
los rayos de Luna del Oculto.”

Ahí murmura el rítmico latir de la vida y de la muerte:
Se desborda el éxtasis, y viste de luz el espacio entero.
Ahí resuena en silencio la Divina armonía,
la música del Amor de los tres mundos.
Ahí arden millones de lámparas de Sol y de Luna;
Ahí bate el tambor, y el Amante se mece jugando;
Ahí resuena el canto de adoración
y se derrama la luz a cántaros;
y el devoto se extasía con el sabor del néctar celeste.
Contempla la vida y la muerte;
no hay separación entre ellas,
Diestra y siniestra son una y la misma.

Kabir dice:
“Ahí el devoto enmudece,
pues esta verdad no la contienen
ni los Vedas ni libro alguno.”

He tomado asiento en su Sitial,
He bebido de la copa del Inefable,
He hallado la clave del Misterio,
He llegado a la raíz de la Unión.
Caminando por ningún sendero,
he llegado a la tierra donde el dolor no existe;
fácilmente se ha derramado sobre mí la gracia del Señor.
Infinito e Inalcanzable se le ha llamado en cánticos,
pero en mi meditación le he visto sin vista.
Esa es realmente la tierra sin aflicción,
y nadie conoce el camino que a ella conduce:
Sólo quien lo encuentra trasciende toda amargura.
Maravillosa es esa morada de reposo,
inasequible por mérito alguno.
Es el sabio quien la ha visto,
y es el sabio quién la ha cantado.
He ahí la Palabra Sagrada,
pero ¿quién pudiera describir su maravilloso sabor?
Quien la haya percibido, sabe del júbilo que puede dar.
Dice Kabir:
“Al conocerla, el ignorante se convierte en sabio,
y el sabio calla y enmudece,
El devoto se embriaga totalmente,
Su sabiduría y desapego se toman perfectos;
Bebe del cáliz de las inhalaciones y exhalaciones del amor.”

Henchido se halla ahí de música el cielo entero,
música que dedo ni cuerda alguna producen.
Ahí perdura incesante el juego del placer y del dolor;
Dice Kabir:
“Si fundes tu vida en el Océano de la Vida,
la encontrarás en la Tierra Suprema de la Bienaventuranza.”

¡Qué delirante éxtasis!
El devoto en toda hora bebe su esencia;
vive en la vida de Brahmán.
Hablo la verdad porque la he aceptado en la vida,
y a ella estoy ahora supeditado;
de mí he alejado todo oropel.

Dice Kabir:
“Así es como el devoto se libra de todo temor;
así es como se le desvanecieron los errores
de la vida y la muerte.”

De música está ahí el cielo henchido,
Ahí llueven gotas de néctar,
Ahí vibran las cuerdas del arpa y resuenan los tambores.
¡Qué secreto esplendor ahí se oculta, en la mansión celestial!
Ahí no se mencionan la salida y la puesta del Sol;
En el océano de lo manifestado, que es luz de amor,
se sienten como uno el día y la noche.
¡Júbilo perenne, sin pena y sin lucha!
¡Ahí he visto llegar el regocijo hasta el borde,
perfección de júbilo!
No cabe ahí el error.
Kabir dice:
"¡Ahí he sido testigo del juego de la Única Bienaventuranza!

En mi cuerpo he conocido el juego del universo;
escapado al engaño de este mundo.
Lo interno y lo externo se convierten en un cielo único;
lo infinito se unió a lo finito.
¡Me embriago contemplando este Todo!
Esta, Tu luz, Señor, colma el universo:
es la lámpara de amor que arde en la salva
del Conocimiento.
Dice Kabir:
“Ahí no puede introducirse el engaño,
y ya no existe conflicto entre la vida y la muerte.”


EL NUEVO TESTAMENTO

MATEO 13 – 10. Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del Reino de los Cielos; mas a ellos no les es dado. 12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 13 Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. 14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo:
De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos; Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y con el corazón entiendan, Y se conviertan, Y yo los sane.

MATEO 13 – 16. Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.

02 julio 2006

El interior del bosque

Sri Ramakrishna. Dichos y Sentencias

328. Había un leñador que llevaba una vida muy mísera con los pocos medios que podía obtener con la venta diaria de la carga de madera que traía del bosque cercano. Un día, un samnyásin (asceta), que iba de camino por el bosque, lo vio trabajar y le aconsejó que se adentrara hasta los claros más recónditos del bosque, dándole a entender que saldría ganando con ello. Hizo caso de la advertencia el leñador y siguió avanzando hacia el interior hasta que llegó a un árbol de sándalo, y entonces, muy contento, se llevó todos los tablones de sándalo que pudo cargar, y los vendió en el mercado y tuvo muchas ganancias. Empezó entonces a pensar para sí que por qué el buen samnyásin no le había dicho nada de la madera de los árboles de sándalo, sino que simplemente le aconsejó que siguiese avanzando hacia el interior del bosque. De modo que, al día siguiente, siguió avanzando más allá del lugar del árbol de sándalo, y acabó llegando a una mina de cobre, y allí tomó todo el cobre que pudo cargar, y ganó mucho dinero vendiéndolo en el mercado. Al día siguiente, sin detenerse en la mina de cobre, continuó más allá, como le había dicho el sadhu (santo) que hiciese, y llegó a una mina de plata y tomó tanta plata como pudo cargar, y la vendió toda y consiguió mucho más dinero; y así cada día iba más y más allá, y fue encontrando minas de oro, y minas de diamantes, y al final se hizo sumamente rico. Eso es también lo que ocurre con aquel que aspira al conocimiento verdadero. Si no se detiene en su progreso tras haber alcanzado unos cuantos poderes extraordinarios y sobrenaturales, termina haciéndose realmente rico en el eterno conocimiento de la verdad.

21 junio 2006

Un brahmín erudito

Sri Ramakrishna. Dichos y Sentencias

289, 290. Un brahmín erudito fue un día a ver a un rey sabio y le dijo: «Escúchame, rey, soy muy versado en las sagradas escrituras. Tengo intención de enseñarte el sagrado libro del Bhagavata». El rey, que era el más sabio de los dos, sabía bien que un hombre que haya leído el Bhagavata purana buscará más su propio Sí que honor y riquezas en la corte del rey. Le respondió: «Veo, brahmín, que tú no has llegado a conocer ese libro en profundidad. Te prometo convertirte en mi tutor, pero anda y aprende primero bien la escritura». El brahmín se volvió por dónde había venido, pensando en su interior, «¡Qué tonto es el rey de decir que no conozco bien el Bhagavata, cuanto me he pasado leyendo una y otra vez el libro durante los últimos tres años!». Con todo, volvió a leer cuidadosamente el libro una vez más y se presentó ante el rey. El rey volvió a decirle lo mismo y lo mandó de vuelta. El brahmín se sentía profundamente vejado, pero pensó que debía de tener algún sentido aquel comportamiento del rey. Se fue a casa, se encerró en su cuarto, y se aplicó más que nunca al estudio del libro. Al cabo de poco empezaron a destellar ante su intelecto los sentidos ocultos; lo vano de correr tras las pompas de la vida, las riquezas y los honores, reyes y sus cortes, dinero y fama, todo desapareció ante su visión ya despejada. A partir de aquel día, se entregó totalmente a alcanzar la perfección mediante la adoración de Dios, y no volvió a presentarse ante el rey. Al cabo de unos años, el rey pensó en el brahmín, y fue a su casa para ver que había ocurrido. Al ver al brahmín radiante de luz divina y amor divino, cayó de rodillas ante él y dijo: «Veo que ahora has llegado al verdadero sentido de las escrituras; estoy preparado para ser tu discípulo, si llegado el momento te dignas aceptarme».

07 junio 2006

Acerca de la Venida del Mesías en el N.T.

Referencias de Mateo 21.33, Marcos 12.1 y Lucas 20.9 acerca de la Segunda Venida del Hijo. O mejor dicho ¿Será el Padre esta vez?


MATEO 21.33 Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. 34 Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. 35 Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. 36 Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. 37 Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. 38 Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. 39 Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. 40 Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? 41 Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo.

06 junio 2006

Diálogos con el pasajero acerca de próxima venida del Maestro

-Seria absurdo que todos pensáramos por igual -dijo Anónimo-. La vida ya no tendría aliciente alguno, porque nos veríamos reflejados unos en otros. ¿Qué aburrimiento, no?

-Pasajero. No me estoy refiriendo a las cualidades innatas ni a la conciencia individual que poseemos -que por supuesto nos diferencian a unos de otros-, sino a las ideas y conceptos que adquirimos en este mundo. Si en vez de estar observando una parte muy pequeña de habitantes de esta ciudad, fuésemos espectadores de todos los seres humanos de este planeta, tendríamos que diferenciar sus religiones, tendencias políticas, ideales, patriotismos, racismos, etc.; y cada uno iría enarbolando su propio estandarte. Sin embargo, no somos conscientes de que por nuestras venas corre la misma sangre, ya seamos blancos o negros; de que el aire que inhalamos es común a todos los seres de esta Tierra; de que el Sol nos alumbra por igual; de que las estrellas brillan tanto para rusos como para americanos; de que la semilla germina en la tierra donde moran ricos y pobres, ateos y creyentes; de que los océanos no trazan fronteras, únicamente los hombres delimitan sus aguas jurisdiccionales... Deberíamos dedicar más tiempo a observar la Naturaleza, puesto que aprenderíamos muchas cosas que actualmente nos pasan inadvertidas. El único ser que está en desarmonía con el entorno ecológico es, sin lugar a dudas, el hombre; y todo se deriva, primordialmente, de no estar en armonía consigo mismo. Si estuviésemos equilibrados interiormente, sintonizaríamos con nuestro hábitat, pero seguimos los dictámenes de la actividad mental descontrolada, siendo su meta: confundirnos ciegamente.
-Anónimo. Me estoy dando cuenta ahora, claramente, de que siempre volvemos al mismo punto de partida. Estamos dando vueltas en círculo para llegar a la misma conclusión: la respuesta a todos los males se halla en el ser humano, y todo ello por desconocer su propósito fundamental.
-Pasajero. Así es. Hemos avanzado, a pasos agigantados, en la tecnología; pero seguimos sin conocernos. ¿De qué nos sirve tener un automóvil último modelo, si nos falta la gasolina?; lo mismo podríamos decir de un gran computador, sin la fuente de alimentación no serviría para nada... Quiero expresar con esto que disponemos de un cuerpo perfecto, dotado de un cerebro, que, incluso, ha creado a sus hermanos electrónicos; pero más importante aún que la materia gris, es la energía que nos mantiene vivos. Sin esta vida con mayúsculas no podríamos funcionar en absoluto, y ya me dirás el caso que le hacemos.
El Pasajero radiaba felicidad, ya que hacía tiempo que no tenía a alguien con quien compartir su vida. Apreciaba profundamente que un joven como su amigo dedicara su tiempo a escucharlo. Por fin habría un ser que recogerla los frutos de sus experiencias.
Pasajero, advirtiendo que Anónimo tenía en sus manos el Evangelio de Acuario, le insinuó:
-¿Te asombran las declaraciones del libro, no?
-Estoy admirado de sus revelaciones -contestó Anónimo-. Siempre he tenido la sospecha de que el Vaticano debe guardar en sus bibliotecas documentación secreta sobre la vida de Jesús, pero, indudablemente, no se atreven a hacerla pública; se desmoronaría el embrollo que se han montado en tomo a la figura del Mesías. Este Evangelio corrobora la tesis que me había formado acerca de Cristo. Creo que el tiempo desvelará todos los misterios que la Santa Sede ha inventado para salvaguardar la Religión Católica.
-¡Todo entra dentro del plan divino, Anónimo! Si no existiera la oscuridad, no apreciaríamos la luz; si no se desatara la tormenta, no valoraríamos la calma; si no hubiera noche, no consideraríamos el día; si no sufriéramos enfermedades, no estimaríamos la salud; si no existiera mente, que nos incordie, no desearíamos la armonía interior... De igual forma, si las Religiones no fuesen creadas por los hombres, y no viésemos en ellas el fanatismo, la manipulación, y el miedo que ejercen sobre conciencias inocentes, etc., no reconoceríamos la verdad en la presencia física del Maestro.

-¿Cómo es que tarda tanto en manifestarse el Enviado Divino? Por mis indagaciones he podido comprobar que sale a la luz, cuando la sociedad necesita, desesperadamente, su presencia física; o por lo menos, eso es lo que ha ocurrido con los avataras anteriores. Sucedió con Krishna, Cristo, Buda, Mahoma, etc.

-La Encarnación Divina siempre ha vivido en este mundo. Él no puede abandonar a sus criaturas, puesto que lo necesitamos constantemente. Lo que sucede es que se esconde para que lo busquemos. Cuando el hombre, por ignorancia, busca satisfacer sus apetitos en los deseos mundanos, está claro que no nos hace falta; pero, cuando un corazón sediento vaga errante por todos los rincones del planeta, solicitando ayuda interior, El se manifiesta y le muestra la experiencia de la verdad dentro de él. Las sandalias del Maestro siempre están pisando esta Tierra, y cuando ese poder deja un cuerpo, se encarna en otro para continuar su misión liberadora a través de los tiempos. El Verbo o la Palabra es la vibración primordial que perdura eternamente; ese poder tomó forma humana desde los orígenes de los siglos para estar presente entre nosotros. Existe una concatenación de Maestros en la Historia de la Humanidad; lo que ocurre es que sólo conocemos a aquellos que han dejado su huella más marcada en su caminar por la Tierra. Cristo no fue más que un eslabón en la cadena divina.
-A un cristiano le resultará bastante difícil aceptar estas declaraciones, ¿no?
-Es normal, ya que nos han educado en la Religión Católica, y, por lo tanto, las creencias que tenemos del Mesías se han quedado muy grabadas en nuestro cerebro. Si hubiéramos nacido en la India, seguiríamos a Buda, Krishna o Rama...

¿Crees que pueda brillar algún día, sobre la Humanidad, la Edad de Oro?

-Yo creo que si. Este Universo fue creado con el propósito de que los seres humanos puedan vivir en paz y sintonizados con su esencia primordial. Actualmente, cada día se hace más evidente que el hombre está yendo contra corriente y, como fruto de ello, vemos los síntomas externos que presagian su autodestrucción. Por lo visto, parece ser que la única forma que tenemos para aprender es comprobar en nuestra propia piel el resultado de nuestros errores. Yo creo que habrá un resurgir de los valores espirituales del ser, que durante tanto tiempo han estado velados por nuestra ignorancia y ceguera. El péndulo de la historia ha señalado demasiado tiempo hacia el materialismo y la tecnocracia. Ya es hora de que despertemos hacia una nueva forma de vivir en armonía y en paz; presiento que estamos en el umbral de una Edad gloriosa.
-Yo también tengo esa misma impresión, pero hasta que no se manifieste el verdadero guía, creo que no será posible. El caos mundial no se soluciona con arengas políticas ni promesas electorales. El mal que azota a la Humanidad es interior. La paz es un estado natural del ser, pero necesitamos la forma para ponernos en contacto con la fuente de donde mana.
-Efectivamente. La gente grita paz y libertad en las manifestaciones; pero, si estamos en guerra con nosotros mismos, y presos en nuestros conceptos, nunca alcanzaremos estas nobles virtudes por muchas reivindicaciones que hagamos.
Ambos estaban totalmente sumergidos en el diálogo, tratando de desvelar los misterios existenciales del hombre. Abordasen el tema que fuera, siempre llegaban a la misma conclusión: la respuesta estaba en el interior del hombre y había que llegar ahí para que éste experimentara su razón de vivir. Pero, ¿Quién se atribuiría el privilegio de ser el Maestro verdadero? Esta pregunta rondaba hacia tiempo por el cerebro de Anónimo, que no tardó en lanzársela al Pasajero:
-¡Pasajero! Yo creo que ha quedado de manifiesto, claramente, que el Maestro siempre está en la Tierra, y que sale a la luz con más poder cuando la Humanidad lo necesita desesperadamente. Hemos llegado a la cima de la confusión y por lo tanto se hace evidente la presencia física del Maestro. Dime sinceramente lo que sepas de Él.
El Pasajero le miró tiernamente adivinando su impaciencia. Comprendía y aceptaba el estado de su amigo, puesto que sólo le restaba por encontrar al verdadero guía que le mostrase prácticamente la fuente de dicha interior.
-¡No te sientas inquieto, Anónimo! -exclamó el Pasajero-. Cuando el discípulo está preparado, el Maestro aparece. Debes tener paciencia y esperar el momento oportuno para estar frente a Él. Has avanzado mucho en el camino de la verdad y estoy sorprendido por tus indagaciones. Yo tuve un guru y he meditado muchas horas para lograr la conciencia que tú has conseguido, simplemente, por tu anhelo interior de relacionarte con la fuente de vida. Si quieres que te sea franco, lo único que conozco son profecías acerca de su advenimiento, anunciando el nacimiento de un niño hindú que guiaría a todas las naciones hacia la paz; establecería el amor y la felicidad entre los hombres, a través de su Conocimiento, y seria conocido en todos los rincones de la Tierra; viniendo esta vez con más poder que nunca, y que rescatarla a todos sus devotos. Como ves amigo mío, no tienes que preocuparte en absoluto, puesto que Él mismo vendrá a ti, para que puedas completar tu ciclo existencial. También se cuidará, con mucho amor, de poner las pistas necesarias para que le encuentres. Será Él quien te busque a partir de ahora, ya que he podido comprobar que ya eres su seguidor antes de conocerlo. Cuando te revele la experiencia suprema podrás alcanzar, a través de la meditación, el estado más elevado al cual puede llegar un ser humano, que es: la devoción.
Por las mejillas de Anónimo corrían lágrimas de felicidad. Presentía que estaba llamando a la puerta correcta y que alguien rebosante de amor y comprensión le tendía su mano invitándole a entrar en el verdadero hogar. Por fin reposaría su cabeza a los pies de su legítimo padre.
Pasajero se aproximó a su amigo y, abrazándolo cariñosamente, le dijo:
-¡Llora de alegría, Anónimo! Muchas vidas han tenido que pasar para alcanzar el estado de conciencia que ahora tienes. Por fin han llegado a su destino los gritos que tu alma han lanzado al vacío. Ya nada debes temer en este mundo; simplemente, espera con amor la llamada del Maestro. Lo reconocerás al instante porque tu corazón saltará de gozo cuando oigas hablar de Él, ya que sus discípulos propagarán por los cuatro vientos su presencia física. No te dejes llevar por las apariencias externas y sigue el fluir de tu corazón.
Mientras el Pasajero consolaba a su amigo y le decía sabias palabras, un hermoso pájaro aparecía en la terraza, entonando cánticos sostenidos y melodiosos.
Anónimo reaccionó y fue corriendo hacia el lugar de donde procedían los sonidos:
-¡Mira, Pasajero, es un ruiseñor! -exclamó Anónimo.
-Es mi viejo amigo que hoy se ha retrasado un poco -le dijo el Pasajero-. Siempre viene al atardecer y me acompaña con sus deleitables cánticos. Es un ave solitaria como yo; por eso hemos hecho muy buena amistad. Yo le llamo el ruiseñor de la esperanza, porque cada día me recuerda, con su voz, que mí alma es como un pájaro surcando los espacios infinitos de mi interior, confiando que algún día pueda morar en el océano de amor eterno.
Anónimo se quedó en la terraza, contemplando el cielo estrellado. No sabía cómo agradecer la dicha que experimentaba. Estaba siendo un día lleno de felicidad y esperanza. Una ligera brisa soplaba y el joven buscador respiraba profundamente mientras se concentraba en el centellear de los astros.
El Pasajero también salió al terrado y juntos compartían un presente pleno de alborozo. Sus rostros estaban relajados y sus mentes parecían no existir. Un silencio inundó la estancia y ambos se miraron fijamente a los ojos.
El Pasajero, rompiendo la armonía que se había originado, dijo a su amigo:

-¿No te parece increíble que estemos vivos para que podamos percibir tanta perfección?

Muchas noches saco la mecedora y contemplo las estrellas. Es una experiencia que tendrías que probar. Llega un momento en el que todo desaparece a tu alrededor y lo único que existe es el ser que mira a través de los ojos y un cielo luminoso que te baña de dicha. El Universo no es más que un vivo reflejo de nuestro interior, puesto que fuimos creados a imagen y semejanza del Creador; por lo tanto, cuando nos concentramos en el Cosmos, la impresión que recogemos nos recuerda lo que somos en esencia.
Anónimo miraba al Pasajero con amor, parecía un niño disfrutando de la vida y apreciando el regalo de la Naturaleza.
El Pasajero había influido decisivamente en su estado de ánimo, produciéndole una sensación de impaciencia por encontrar al Maestro. Estaba seguro de que en algún lugar del planeta un ser rebosante de amor iniciaba la hermosa misión de rescatar a sus devotos.
Un escalofrío recorría su cuerpo, simplemente, al pensar que un día no muy lejano vería el rostro del verdadero guía.

24 mayo 2006

LA CONTRASEÑA

Sri Ramakrishna. Dichos y Sentencias

94. Cuenta la leyenda que la ostra perlera abandona su lecho en el fondo del mar y sube a la superficie para coger el agua de lluvia cuando en el ascendente del cielo está la estrella Svati. Va flotando por la superficie del mar con la boca bien abierta hasta que consigue agarrar una gota de la maravillosa lluvia de Svati. Entonces se zambulle de nuevo hasta su lecho marino y se queda allí hasta que logra formar una hermosa perla con aquella gota de lluvia. Similarmente, hay algunos verdaderos aspirantes deseosos que viajan de un lugar a otro buscando recibir de un preceptor piadoso y perfecto (Satguru) esa contraseña que les abrirá la puerta de la dicha eterna, y si en su búsqueda diligente uno de ellos es suficientemente afortunado para encontrar a ese Guru y obtener de él el muy ansiado logos, que con certeza romperá todas las ataduras, enseguida se retira de toda compañía, entra en el lugar más profundo y secreto de su corazón y permanece allí hasta que ha logrado obtener la paz eterna.

11 mayo 2006

Diálogos con el pasajero acerca de nuestra realidad

Anónimo: ¿Quiénes somos en realidad y de dónde venimos?

Pasajero: Lo importante para mí es que el ser humano ha llegado a un grado de evolución tal, que se ha convertido en un ser privilegiado, al poseer unas cualidades que lo distinguen del resto de los animales que pueblan la Tierra. El hombre es el único ser que es consciente de sí mismo y de lo que le rodea. Tiene la capacidad de discernir y sobre todo de amar, con mayúsculas. Lo increíble, a mi entender, es que poseo una conciencia y que me encuentro en este bello planeta diseñado para experimentar la vida en su concepción más excelsa. Todas las manifestaciones de la Naturaleza han sido diseñadas por el Hacedor para nosotros, ya que somos los únicos que podemos beneficiarnos de su belleza. El cuerpo humano es un receptáculo perfecto para captar la existencia en su máximo grado de desarrollo, porque podemos armonizar con esta inmaculada creación; y sin él, nuestra esencia vagaría errante por el Cosmos, pidiendo a gritos un nuevo caparazón para disfrutar de las maravillas de este paraíso. Tenemos unos sentidos por donde percibimos este mundo, y, además, podemos sentir profundamente quiénes somos en realidad. Poseemos la capacidad de relacionarnos con nuestra esencia primordial, y gozar de nosotros mismos, ya que hemos sido hechos para deleitarnos del amor y la dicha que reside dentro de nosotros. Un animal no puede lograr el estado de conciencia del ser humano, ni tampoco recrearse en la Naturaleza como nosotros lo hacemos. Tenemos una mente que debería estar a nuestro servicio, no viceversa; de ahí es donde vienen los problemas y las frustraciones.

Anónimo: ¿Cómo es que dejamos de ser niños y nos hacemos responsables, con una personalidad férrea difícil de doblegar?

Pasajero: Venimos de la armonía y del mundo de la simplicidad e ingenuidad. Poco a poco, y con el paso del tiempo, nuestro cerebro va grabando impresiones y estímulos de este mundo exterior y nos llenamos de impurezas. Aprendemos un lenguaje; nos relacionamos con unos seres a los que no conocemos, pero con el tiempo se hacen familiares para nosotros y les llamamos padres; tratan de educarnos a su imagen y semejanza, y seguimos registrando en nuestra computadora una serie de datos, que ya es difícil que se borren. Vamos afianzándonos al medio ambiente y a la educación impuesta, la cual supondrá una huella profunda en nuestra naturaleza humana; y, lentamente, adquirimos los productos que nos ofrecen desde niños, para empezar a depender por nosotros mismos de la enseñanza adquirida. Estas impresiones quedan fijadas en nuestro cerebro virgen, al que nos supeditamos posteriormente cuando hacemos uso de la razón. A partir de ese instante, nos damos cuenta que podemos pensar por nosotros mismos, y vamos procesando todo lo que percibimos con nuestros sentidos externos. Empezamos a criticar lo adquirido y vamos desarrollando por nosotros mismos lo que ya supone un proceso irreversible de adaptación al medio. Toda la educación recibida a través de nuestros padres, colegios, amistades, y medios de manipulación de masas... dejan una señal, tan profunda en nuestro cerebro, que difícilmente podremos borrarla con el paso del tiempo, sino todo lo contrario, nos vamos sumergiendo más y más en el engranaje social establecido. Ya nunca habrá el silencio inicial, sino que seremos el reflejo de la documentación registrada en nuestra computadora. Vamos pasando por diferentes etapas de desarrollo: infancia, adolescencia, pubertad, identificación con nuestro “ego”, y la personalidad se va solidificando hasta llegar a la maduración. Cuando nos hacemos mayores, y si es que comprendemos este enigma, iniciamos un proceso de borrar de nuestra mente todo aquello que nuestra propia naturaleza rechaza, pero nos damos cuenta que los resultados siempre son traumas y frustraciones. Nos vemos en posesión de unos conocimientos adquiridos o con una carrera u oficio, y creemos que eso es lo que somos, ya que nos identificamos tanto con lo acumulado, que actuamos y nos desenvolvemos como si fuésemos realmente lo que figura en nuestro carnet de identidad. Pensamos como políticos, o como profesores, porque desarrollamos toda la psicología propia de aquello a lo cual nos hemos dedicado en la vida. Nuestra personalidad se ha fusionado tanto con lo adquirido, que ya es difícil volverse atrás. Nos vamos integrando en la sociedad de consumo, dependiendo definitivamente del medio social establecido, al que nos supeditamos inevitablemente. Llegamos a una edad en la que formamos una familia, vienen los hijos, por supuesto y entonces iniciamos con ellos el mismo proceso que hicieran con nosotros, y por consiguiente la saga que iniciaron nuestros abuelos y padres, continuará con nosotros...

Anónimo: ¿Si este mundo es una trampa, cuál es entonces el destino del hombre, y para qué hemos sido creados?

Pasajero: Hemos sido creados para realizar un propósito en esta vida; lo que sucede es que al observar las mismas cosas, generación tras generación, pensamos que estamos vivos para eso, y nos integramos en las costumbres y hábitos de nuestros antepasados y seguimos sus mismos pasos. Como tú has dicho antes, este mundo es una trampa, y en la medida que profundizas en él, quedas atrapado hasta el cuello. Anhelamos satisfacer nuestros deseos y luchamos desesperadamente hasta verlos realizados, pero no nos damos cuenta que la ambición engendra ambición, y en definitiva no volveremos a ser libres porque nos creamos tantas dependencias de cosas materiales, que cierto día esas mismas cosas que acumulamos terminarán sepultándonos. Esta sociedad de consumo está precisamente diseñada para que la sigamos como a un espejismo en el desierto, y una vez sometidos, nos damos cuenta que el resultado es frustración y desengaño, ya que no puede darnos lo que en nuestro corazón anhelamos desesperadamente, que es felicidad y amor. Venimos a este mundo desnudos y sin etiquetas, y de igual forma nos marcharemos un día; por lo tanto, de qué nos sirve atiborrarnos de materialismo, si es pura ilusión. Por mucho que conquistemos en esta vida, de nada nos servirá para el último viaje, porque nos iremos desnudos; y por muchos conocimientos que acumulemos en nuestro cerebro, también la masa encefálica quedará aquí y será pasto de los gusanos; por lo tanto, ¿por qué no consideramos de una vez, que el propósito de esta vida está en ser conscientes de quiénes somos realmente? Quién es ese ser que ve a través de los ojos, que siente, que llora, que ríe, que corre, que tiene conciencia propia, que discierne, que experimenta... Hasta que no descubramos quién es el individuo que habita dentro de nosotros -y que tiene una entidad separada de nuestra mente, del “ego”, e intelecto-, nada de lo que hagamos en este mundo y consigamos valdrá la pena a pesar del esfuerzo realizado. El ser humano ha sido creado para vivir en paz y felicidad, no para el sufrimiento. Cuando nos enfocamos en la armonía, recogemos los frutos de la dicha. No creo que nadie, mirando una puesta de sol, o contemplando un mar en calma, u observando un cielo estrellado, haya obtenido los frutos de la desdicha, sino todo lo contrario, su corazón se llenó de alborozo porque la paz y la quietud de la Naturaleza inundaron su espíritu. Por lo tanto, cuando nos concentramos en algo que no está en calma, sino todo lo contrario, lleno de miseria y sufrimiento, como es este mundo que estamos destruyendo los hombres, recogemos los frutos de la desesperación y el dolor.

Pasajero fijó su mirada en los ojos de Anónimo, mientras le decía:

¿Sabes que tienes la virtud de escuchar? No todo el mundo atiende como tú lo haces. Es un don bastante apreciable. Generalmente, cuando alguien está hablando, el otro está pensando lo que va a decirle y se pierde en sus propias ideas, buscando la mejor para refutar al contrario. Para mí es un regalo muy grande haberte encontrado y que oigas mis experiencias. Una vez escuchadas, si no te sirven para nada, puedes desecharlas, pero me estimula que estés concentrado en lo que digo.

Anónimo: Me gusta observar y aprender de todo lo que veo y oigo. Tus enseñanzas me llenan de alborozo porque señalan el camino que trato de encontrar dentro de mí. Me da la impresión que tu sabiduría procede de Oriente. Siempre haces referencia a la Naturaleza y pones ejemplos basados en la cultura oriental.

Pasajero: La sabiduría no es patrimonio de ninguna región del globo en especial. Es potestad del ser humano y es inherente a nuestra propia naturaleza. No cabe duda que tengo cierta influencia hindú, debido sobretodo a la búsqueda en la filosofía oriental. He adquirido muchos conocimientos referentes a la comprensión trascendental del Universo, y a su forma de concebir la existencia. Pero, como te he dicho antes, el saber ya está incorporado en nuestro interior desde que nacemos. Vinimos al mundo con todo el potencial necesario para desarrollarnos espiritualmente, pero necesitamos a un Maestro que nos guíe por ese camino interior.

Anónimo: La India deberá ser un país fascinante para la mentalidad occidental y materialista. Háblame un poco de sus costumbres.

Pasajero: Te asombrarías de sus hábitos y tradiciones. No creo que occidente llegue a entender las costumbres orientales, debido a que es una nación eminentemente religiosa. Se dedican todo el tiempo a controlar su mente a través del yoga. Puede decirse que lo que occidente tiene de materialista, ellos lo tienen de espiritual. Dudo que exista un lugar en la Tierra donde haya tantas creencias como allí.

En la India, en cada esquina te tropiezas con yogui. Allí es muy normal practicar el yoga, debido a su creencia de que el propósito de esta vida es unirse al Todo, a través de la meditación. Consagran toda su vida a las prácticas de técnicas de concentración mental para fundirse con el Yo universal que reside dentro de nosotros. No me extraña que en occidente estén teniendo tanto éxito, debido al gran "stress" o presión psíquica a la que nos vemos sometidos por la inercia industrial, producto de la sociedad de consumo. Buscamos desesperadamente algo que pueda frenar el impulso mental adquirido por las lacras del materialismo y de la tecnocracia. El ser humano busca incesantemente su felicidad por este mundo, en los bienes materiales o en las personas; pero no nos damos cuenta que reside dentro de nosotros. El individuo es un ser espiritual por naturaleza y hasta que no desarrollemos nuestra capacidad interior, iremos vagando por este mundo de ilusión sin hallar la respuesta que nuestro corazón desea con anhelo. El destino del hombre es relacionarse con el poder que nos ha creado y realizarlo. Este poder es la forma de energía más excelsa y superior que existe, ya que no puede crearse ni destruirse, por consiguiente es eterna. La sustancia primordial del ser humano es inmortal, y por lo tanto perdura inalterable dentro de nosotros. Esta esencia última, permanece invariable aunque nuestro cuerpo se deteriore y nuestro cerebro evolucione. Este motor primordial, es el que hace que respiremos, que nos movamos, que riamos, que nuestro corazón palpite; en definitiva: es lo que diferencia a un cuerpo vivo de otro muerto. El que yace tendido en el suelo, aunque tenga todos los órganos idénticos al vivo, una sola cosa le distingue del que se mueve: simplemente la vida. Podemos llegar a relacionarnos con esa vida, aliento, mientras estamos en un cuerpo vivo, no hace falta que nos muramos, como dicen algunas Religiones. Pero, para ir adentro de nosotros y vincularnos con la vibración primordial -que hace que respiremos-, necesitamos un método, una fórmula que nos permita profundizar en nuestro interior y sentir nuestra esencia, verla, gustarla y escucharla. El destino del hombre es fundirse con la energía primordial; al igual que la meta de un río es diluirse en el océano. Por lo tanto, para ello necesitamos un Maestro que nos enseñe esta gran verdad, y que nos guíe por los senderos escondidos de nuestro interior, y así descubrir definitivamente el tesoro oculto en nuestro corazón. Es vital para nosotros relacionarnos con la energía suprema que nos da la vida, ya que para eso estamos en este mundo. Toda la Creación ha sido diseñada para armonizar con esta vida interior, por consiguiente hemos de hallar en esta existencia -no después de muertos-, el verdadero guía para esta hermosa tarea de sondear dentro de nosotros. Toda esta inmaculada Naturaleza está esperando el momento en que el hombre descubra su verdadera realidad; entonces el individuo vivirá en armonía con su entorno, realizando el propósito por el cual ha sido traído a este Paraíso Terrenal, y sincronizarse con el Reino de los Cielos, que se encuentra dentro de este cuerpo perfecto.

08 mayo 2006

Todo cuanto existe es Dios

Sri Ramakrishna, (1836-1886) es considerado como un Avatara. Los dichos y Sentencias fueron escritos por sus discípulos en bengalí y se tradujeron al sánscrito y al inglés.

Dichos y Sentencias - 15

15. Dijo un Maestro: “Todo cuanto existe es Dios”.
El discípulo lo entendió literalmente, y no conforme al verdadero sentido espiritual. Un día que iba por una calle, se encontró de frente con un elefante. El conductor (mahút), desde lo alto, iba gritando: “¡Apartaos, apartaos!”. El discípulo, en su mente, pensó: “¿Por qué tengo que apartarme? Soy Dios, y también el elefante es Dios. ¿Qué temor puede tener Dios de sí mismo?”. Y pensando de este modo, no se apartó. Al final, el elefante lo agarró con la trompa, lo levantó y lo lanzó violentamente a un lado. Se hizo mucho daño. Se fue a ver a su maestro y le contó todo lo ocurrido. El Maestro le dijo:

“Sí, muy bien, tú eres Dios. Y el elefante también es Dios, pero también estaba Dios en forma de conductor de elefante advirtiéndote desde arriba. ¿Por qué no prestaste atención a sus advertencias?”.

07 mayo 2006

La pesadilla del pasajero

Pasajero despertó de madrugada, sobresaltado y atemorizado por la pesadilla diabólica que había tenido; se quedó sentado sobre su lecho mientras se reponía del terrible sueño. Parecía que la mente estuviera decidida a cerrarle el acceso al sendero oculto que trataba de encontrar.

La lucha interior era cada vez más insoportable, pero no le quedaba otro recurso que continuar para no caer en las garras del poder negativo que constantemente le acosaba.

Al no poder conciliar el sueño, decidió leer a Kabir. Mientras devoraba el libro, se daba cuenta de la hermosa relación que existía entre el Maestro y el discípulo.

Pasajero: ¡Cuánto tarda Aquél que ha de enseñarme los secretos de la existencia! Me gustaría caminar a su lado y seguir humildemente sus pasos por este mundo. Me llenaría de gozo, estar simplemente escuchando sus palabras llenas de sabiduría y esperanza. Mi alma saltaría alborozada al contemplar su hermoso rostro. Mis ojos quedarían clavados en los suyos, y el intercambio de amor sería infinito. Mi corazón brincaría de alegría, observando su apacible figura. Mis manos quedarían impregnadas de la fragancia eterna, al tocar su santo cuerpo. Mis pupilas se ensancharían para percibir su radiante luz. Mis labios beberían de la fuente de ambrosia que mana de sus pies de loto.

No me gustaría irme de este mundo sin haber encontrado sus huellas y seguirle la pista para que me diese sus bendiciones. ¡No te preocupes corazón mío, que no descansaremos hasta hallar su paradero porque intuyo que, en alguna parte de este planeta, las sandalias del pescador de hombres están pisando, actualmente, esta tierra atormentada y sumida en la tristeza! Presiento, que no está lejano el día en que por fin encontraré reposo.

La estancia se llenó de un silencio apacible y una presencia luminosa inundaba la habitación, mientras Pasajero se sentía desbordado interiormente. Se sumió en un profundo sueño, protegido por la resplandeciente aparición. En su plácido reposo tuvo una visión, y alguien, que no podía identificar, le narraba una historia fascinante:

“Cierto día, inolvidable para mí, me encontraba tumbado en la playa, escuchando el sonido de las olas acariciando la orilla, y, sintiendo cómo el mar me acogía en sus entrañas sonoras, me sumergí en ese deleite cósmico.

“Cuando reaccioné estaba rodeado de estrellas que me daban la bienvenida a su mundo; cada una tan sola, pero a la vez tan radiante, que hacían sentirme orgulloso de estar presente en esa ceremonia interestelar. Me vi poseído por un sentimiento de magnanimidad y tuve que abandonarme a mi condición de ser humano. Lo único que podía hacer era: ver, contemplar y sentir cómo la vida, el Universo entero, me seducía con su encanto y armonía celestial. Arropado en su manto plateado, las estrellas, querían llevarme hacia lo inaccesible. Al instante empecé a sentir, de una manera tierna y dulce, que pertenecía a otra casta, a otro credo y a otra especie; en definitiva, volví a experimentar sencillez y pureza.

“Con el despertar del Sol, toda forma viviente cobraba realidad. Los pájaros me daban la bienvenida a su mundo, emitiendo sonidos deleitables a mis oídos. La majestuosidad de las montañas hacía que sus valles llenaran de grandeza mi corazón, los ríos abrazaban humildemente todos los obstáculos que aparecían a su paso, firme y decido, hacia el mar, buscando su origen y procedencia. No les importaban ni el tiempo ni la distancia, siempre constantes y tenaces, fluyendo entre las orillas cambiantes. El viento suave acariciaba mi rostro, besándome en las mejillas.

“¡Cómo poder describir tanta perfección y belleza! Parecía que el secreto de la Creación estuviera revelándose ante mí. Tenía la impresión de que alguien iba descifrándome todo el misterio escondido en cada acto de la Naturaleza.

“Me sentía perplejo, impasible, atónito y lleno de esperanzas porque, al fin, podía percibir que un ser como yo, tan pequeño, era a la vez grandioso. ¿Quién habitaba en mí, que podía ser consciente del milagro de la vida? ¿Quién era ese personaje que tenía la capacidad de captar toda la belleza escondida tras los párpados de mi ignorancia? ¿Quién podría ser yo para que la Naturaleza se tomara tanta paciencia en colocar el perfume y el color en cada flor, el azul en el cielo, y la combinación de colores en el arco iris? Toda esta obra de arte manifestada para mí en especial; para que pudiera sentir, gustar, oler, ver y tocar tan delicada creación.

“En la actualidad me siento un poco perplejo y decepcionado ante el mundo que hemos hecho los mayores. Me hubiera gustado haber parado el reloj del tiempo, con aquel sentimiento, con aquella experiencia de omnipresencia.

“Ahora veo a un hombre lleno de odio y predispuesto a hacer la guerra con el fin de conseguir la paz. Observo a un ser de fronteras y visados, perdido en la masa callejera, sin propósitos, gritando desde su corazón y deseando ser encontrado por alguien. Contemplo con asombro a los niños hechos hombres por las guerras. También se manifiesta ante mí la miseria de este mundo, y me pregunto: ¿Por qué no dejamos que los niños nos digan cómo debemos vivir y comportarnos los seres humanos?

“Ya no miro las estrellas ni las puestas de sol. Tampoco escucho cómo me hablan los pájaros. El viento pasa de largo cuando me ve. La lluvia ya no quiere mojarme porque me enfurezco. El río fluye más raudo cuando me acerco a él. Las estrellas se apagan en la noche porque se avergüenzan de mí. Las estaciones cambian su curso porque han perdido la alegría de manifestarse...

“¿Cuándo el hombre volverá a ser niño? ¿Cuándo podremos mirarnos con amor? ¿Cuándo despertaremos con la alegría de un nuevo día? ¿Cuándo se saciará la sed de justicia en este mundo?”

Querido Anónimo: anoche soñaba que era niño. En mí sueño pude ver cómo una mano liberaba a un pajarito de su cárcel, y volaba libre, surcando los espacios. En su volar iba diciendo a todos sus hermanitos que propagasen el mensaje de que el hombre volvía a ser niño, porque ya estaba cansado de jugar a ser mayor.

Toda la Creación se engalanó para el festejo: los árboles agitaban sus ramas, bailando de alegría; las flores se vistieron con sus mejores atuendos; los pájaros trazaban formaciones acrobáticas, llenos de vitalidad; los ruiseñores entonaban sus mejores cánticos; los manantiales brotaban más cristalinos; las nubes derramaban lágrimas de felicidad; el cielo, con su capa azul, abrazaba, amorosamente a toda la Tierra; las estrellas reían con su eterno titilar; en definitiva: toda la Naturaleza estaba alborozada.

El hombre, como corona de la Creación empezaba a ser consciente y a disfrutar de su lugar privilegiado en el Universo; ya no habría más necesidad de soñar, porque el sueño se había hecho realidad.