26 enero 2007

Preparar el terreno

Siempre he sentido el deseo de propagar el Conocimiento, de hablar a las personas de esta posibilidad. De hecho, es algo que he estado haciendo desde que era muy niño. Muchas veces, cuando mi padre celebraba un evento, la gente esperaba a que él apareciera; pero en su lugar, como al empezar el evento aún no habían llegado muchas personas, yo me subía al escenario y comenzaba a hablar. Al ver a un niño hablando, la gente poco a poco empezaba a acercarse y, cuando el sitio se llenaba, me iba para que él pudiera salir a dirigirse a ellos.

La gente me pregunta ¿cuál es tu meta? Yo nunca he considerado como una meta el hecho de que 60.000 personas reciban el Conocimiento en Inglaterra. Este no es nuestro objetivo. No. Mi objetivo es asegurarme de que a cualquier persona que venga se le dé una buena oportunidad de disfrutar de este Conocimiento, que tenga una buena oportunidad de escuchar el mensaje y de llenar su vida. No todos van a estar interesados. Pero aquellos que lo estén, quiero asegurarme de que hayan preparado ese pequeño trozo de tierra en el que caerá la semilla.

Maharaji en Nottingham el 17 de junio de 2001. Fragmento traducido del inglés.

17 enero 2007

La serie “Palabras de Paz” de Prem Rawat recibe nuevamente un premio de televisión en Brasil



La serie “Palabras de Paz” ha ganado, por segunda vez en tres años, el premio al mejor programa de la TV Comunitaria de Brasil. Fernando Mauro Trezza, Presidente de la Asociación Brasileña de Canales de Televisión Comunitarios, dijo: "El gran éxito de ‘Palabras de Paz’ se debe a la forma tan natural en que los telespectadores se han identificado con el sabio mensaje de paz interior de Prem Rawat. Desde aquí expresamos nuestro agradecimiento a Prem Rawat, Embajador de la Paz”.

16 enero 2007

Donde comienza la paz



Cuando viajo y hablo con la gente, mi mensaje trata sobre lo real que es la paz y sobre la posibilidad de sentirla en esta vida cada día. Pero, ¿dónde empieza todo esto? Os voy a contar una pequeña historia que podría ponerlo en perspectiva.

Un día un turista llegó a un pueblo remoto en el que sus habitantes eran gente muy sencilla. A la mañana siguiente colgó su espejo en la pared para afeitarse, pero se le olvidó descolgarlo. Más tarde, un anciano del pueblo, de pelo gris, ojos brillantes, y una hermosa y luminosa cara, se encontró con el espejo en la pared. Nunca antes se había visto a sí mismo, así que cuando vio su reflejo en el espejo se quedó asombrado y pensó: “Hoy he visto la cara de Dios”. Y se fue completamente feliz.

Después llegó una hermosa joven. Cuando se vio a sí misma en el espejo, se quedó estupefacta. “¡He visto a la mujer más hermosa de la Tierra, y cuando crezca ese es el aspecto que quiero tener!”. Más tarde, se aproximó un hombre que había perdido a su padre. Cuando se miró en el espejo, dijo: “¡Dios mío, acabo de volver a ver a mi padre!” Y se fue con el espejo.

Ahora, las tres personas que se habían visto reflejadas en el espejo empezaron a estar muy alteradas y comenzaron a discutir. Al poco tiempo, estallaron las peleas por todo el pueblo. Pronto todo el mundo se sintió desgraciado porque cuando se miraban en el espejo veían algo que les gustaba, y todos querían quedarse con el espejo.

Al final, un hombre sabio pasó por allí y preguntó: “¿Por qué os peleáis?” Uno dijo que el espejo le había mostrado a Dios, otro que le había mostrado a su padre, y los demás le contaron lo que habían visto. Entonces, el hombre pidió que le mostraran ese objeto mágico, y cuando lo vio, sonrió: “¿Sabéis lo que es? Es un espejo”.

Llamó al anciano y le dijo: “No viste la cara de Dios, te viste a ti mismo”. Después llamó a la chica y le dijo: “Tú tampoco viste a la mujer más hermosa, sino a ti misma”. Llamó al hombre joven y le dijo: “Pensabas que habías visto a tu padre porque ahora te pareces a él. Pero eras tú”. Les fue llamando, uno a uno, y les dijo a todos: “Mirad, lo que veis en este espejo, lo que os gusta en él, no es el espejo. ¡Sois vosotros!”.

¿Cómo se relaciona esta historia con la paz? La paz comienza con nosotros. Intenta comprender de donde vino la idea de la paz. ¿Fue acaso la invención de alguien? ¿Hubo una persona muy inteligente que mientras caminaba por las altas montañas de algún lugar dijo: “La paz. Qué buena idea. Vivamos en paz”. No.

Desde que existen lo seres humanos ha habido un deseo de paz. La necesidad de la paz nace del interior. La paz es el deseo del corazón. Es tan simple como el ir y venir de la respiración. La película de la vida comienza con el primer aliento. Y todos sabemos cómo termina la película.

Nos sentimos fascinados por la parte intermedia, y esto es para lo que vivimos: “¿Quién soy? ¿Qué soy? ¿Qué es lo que he conseguido?” Todo eso está bien, pero nunca jamás te olvides de la importancia que tiene dónde comenzó y dónde acaba.

Dentro de ti se encuentra la posibilidad de la paz. La paz no pertenece a ninguna nación, sociedad o religión.

La paz pertenece a la gente como tú y como yo. ¿Dónde se manifestará la paz? Lo hará en la catedral del corazón. Ése es el único lugar en el que se da la bienvenida a la paz. Son las personas como tú y como yo las que quieren la paz y le dan la bienvenida en sus vidas. Es aquí, en nuestra existencia, donde reside la paz.

Maharaji

03 enero 2007

HAZ LA DISTINCIÓN

"¿Cuánto has invertido en ti?“

¿Hasta qué punto somos conscientes de nuestra propia existencia? Conocemos a nuestro vecino mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos. Hay personas cuyo comportamiento podemos predecir con mucha mayor exactitud que el nuestro.

¿Cuánto has invertido en ti? ¿Hasta dónde te has permitido comprenderte a ti mismo? Por supuesto, hay personas que dicen: "Eso es muy egoísta". Sin embargo, abrir el regalo que le ha dado su creador es lo menos egoísta que un ser humano puede hacer.

Todas las demás actividades que realizas no tienen nada que ver con esta cosa sencilla llamada "vida". Tienes que distinguir entre las cosas que puedes hacer porque estás vivo, y el hecho de estar vivo en sí mismo. Hay una diferencia entre ambos. Porque estás vivo puedes hacer muchas cosas, pero todo lo que vas acumulando, todo eso de lo que ahora disfrutas, vendrá y al final desaparecerá. ¿Y qué seguirá existiendo? Sólo tú: esa realidad inmortal, sin complicaciones, sin sofisticaciones, que reside en tu interior.

¿La muerte? Eso es algo que no podemos cambiar. Una vez que ocurre, ocurre. Hemos de partir. Tenemos que irnos.

¿Dónde debería estar nuestra atención? En lo que tenemos ahora. ¿Y qué es lo que tenemos ahora? Esta oportunidad de la vida. No es preciso que acudas a un templo, ni a una iglesia, ni a una mezquita, para averiguar si estás vivo o muerto. Los que están vivos lo saben. Se ha dicho que sin la consciencia, el ser humano, aun estando vivo, es como un cadáver.

¿Cuál es la diferencia? ¿Qué es eso que, al faltar, hace que a un cuerpo se le denomine cadáver?

Cuando el ser humano ya no tiene consciencia, ¿en qué se convierte? No puede experimentar dolor ni alegría. Si te colocas frente a él y le dices: “Tu cuenta bancaria está vacía”, el cadáver no va a llorar, o le dices: “No tienes trabajo”, no expresará dolor ni tristeza.

¿Y cuál es la razón? Este aliento que se mueve en nuestro interior, esa consciencia. El hecho de que el ser humano tenga consciencia le permite mirar, ver, sentir, decir 'sí', o 'no'. Puede reír o decir: "¡Qué triste!". Podemos aspirar a todas las cosas a las que aspiramos porque estamos vivos; ésa es la única raíz, la única razón.

Pero, si no podemos reconocerlo y comprenderlo, entonces, ¿de qué nos sirve?

Maharaji

LA SINFONÍA INTERIOR

"Es posible transformar las preguntas en una única respuesta.“

Hay una música que acompaña a esta obra increíble que es la vida y la puedes escuchar aunque te tapes los oídos, porque la sinfonía que suena a tu alrededor forma parte de la que se escucha en tu interior. Aprende a sentir no sólo lo que existe en el exterior sino también lo que hay dentro de ti ya que esta obra sigue representándose continuamente también en tu interior.

La vida no dispone de ningún manual pero existe el corazón. No hay instrucciones a seguir pero existe un sentimiento. ¿Has perfeccionado ese arte en tu vida? Se trata de una habilidad y ha de ser perfeccionada. Ha de ser utilizada una y otra vez. Los músicos deben practicar, si dejan de tocar, les cuesta arrancar de nuevo. Disfrutar, el disfrute de esta existencia es también un arte. O lo practicas, o ¿sabes lo que ocurre? Que se pierde.

Dentro de ti se está celebrando un festival y te está esperando. Tal vez lo que digo te suene demasiado extraño. Quizá estés acostumbrado a celebrar fiestas con tus amigos. Pero de lo que te hablo es de la posibilidad de tener una fiesta contigo mismo y resulta que es la mejor de las fiestas posibles porque tu invitado no tiene que irse.

Con cada aliento suena una sinfonía en tu interior. Ábrete a esa posibilidad. Es únicamente una posibilidad, sólo eso. Sí, es posible que llegues a sentir la satisfacción, a estar en paz contigo mismo. Sí, es posible que llegues a comprender el valor de cada aliento, a reconocer el anhelo de esta vida. Es posible, lo es, cambiar el sufrimiento por la dicha, la confusión por la gratitud, la duda por el saber. Es posible transformar las preguntas en una única respuesta, en una, una sola respuesta. ¿De qué clase? La única respuesta que no tiene pregunta.

Maharaji

01 enero 2007

El océano en la gota

Barcelona, 27 de abril de 2006 - Personas procedentes de toda España, de Portugal y del sur de Francia llenaron la sala principal del Palau de Congressos de Catalunya, en Barcelona, para escuchar a Prem Rawat, conocido en todo el mundo como Maharaji. Dado que el número de asistentes fue mayor de lo esperado, se habilitó una sala anexa donde quienes no disponían de asiento en la sala principal pudieron ver la conferencia en directo mediante una conexión de video. Para muchos, no era la primera vez que asistían a un evento con Prem Rawat; algunos llevan años escuchándole, otros le veían en persona por primera vez. En 2006 se cumplen treinta años desde su primera visita a España y cuarenta desde que empezó a llevar por todo el mundo su mensaje de paz.




Hace poco, he estado hablando en muchos eventos en India diciendo que lo más importante que tenemos es esta existencia. Cuando naces, se te obsequia con una experiencia llamada “la vida”, y en esa vida ¿qué es lo que tienes?

Tienes un aliento, tienes un día, una hora, un minuto, un segundo. Eso es tu realidad. No es una ficción. No es ningún concepto. La cosa de la que hablo, lo que quiero experimentar en mi vida, y lo que quiero que tú experimentes, no es ninguna ficción. Es real. Una realidad que se puede tocar, que se puede sentir, que se puede comprender. En tu vida, la aceptación debería ser para lo que conoces, para lo que comprendes, para lo que sientes. No en tus pensamientos, sino sintiendo.

Hay un verso indio muy bonito: “Que la gota reside en el océano, todo el mundo lo sabe; pero que el océano reside en la gota, lo saben muy pocos”. Quiero que vosotros seáis esos pocos que lo comprenden.

Esa cosa increíble… en ella está todo, pero ella también está en ti. Tú eres la gota. No una gota líquida, pero eres la gota. El océano está en ti. Y sí, puedes sentirlo. Comprendo eso porque la misma energía que está en todas partes entra en mí en forma de esa respiración y me toca, trayendo el regalo de la vida.

Para muchos la vida significa tener un trabajo, un hijo, una casa, un gato, un perro... Eso no es la vida. Ésas son cosas que hay en tu vida.
Están todas esas cosas que son relativas y también hay algo que es absoluto, y eso está dentro de ti. Tienes vida. Eso es absoluto. Un día no será así. Pero mientras estés vivo y tengas la capacidad de ser consciente, sé consciente de eso que es la vida real. Sé consciente de esta existencia que tienes, porque eso proporciona alegría. Ser consciente de esta existencia proporciona paz, auténtica paz.

¿Qué es auténtica paz? Algunos dicen: “Renuncia a todo y tendrás paz”. No, eso no funciona. Si el hecho de dejarlo todo hiciera que la gente fuese feliz y tuviera paz, cerrarían las cárceles inmediatamente, porque ir allí sería una recompensa; haces algo malo y, en lugar de castigarte, te ponen en un lugar en el que te sientes en paz y feliz. Así que eso lo demuestra: abandonarlo todo no es la solución. Pero hay un lugar en nuestro interior que si accedemos a él, podemos sentir esa paz al margen de cualquier circunstancia.

Eso es lo que eres. Eso es lo que soy. Verdaderamente, en esa gota que somos reside un océano infinito de paz. Sé uno de los pocos que lo saben, porque ése es un logro incomparable. Necesitas paz, necesitas felicidad, porque eres un ser humano. Ésa es tu naturaleza. No puedes luchar contra ella. No es ningún problema que tengas que solucionar.

Ese deseo de felicidad viene de tu interior. No lo subestimes. Mientras estés vivo, ese anhelo de ser feliz y sentir paz estará ahí.

Qué cosa tan práctica es que ese océano resida dentro de ti. Dondequiera que vayas, ahí estará. Un día la gota se irá y residirá en el océano. Pero mientras tenga lugar ese milagro del aliento, el océano residirá en esa gota que eres tú, que soy yo. Cuando la gota se mezcle con ese océano, ya no será una gota; simplemente se convertirá en el océano. Pero durante un periodo de tiempo relativamente corto, habrá ocurrido algo increíble.

Se habrá producido el milagro de los milagros. La gota se separa del océano y éste se traslada a la gota. Ésa es la realidad. Eso es lo que está sucediendo. Compréndelo. Siéntete pleno. Sigue esa naturaleza. Vive en paz. Sé feliz.

Si la tristeza es un cuchillo, la felicidad es quien te cura. Siéntete feliz. Tienes un montón de heridas y te causan dolor. No tienes por qué sufrir. Vive. Existe. Mientras dure este milagro, contémplalo. No te muevas, porque todo se acabará demasiado pronto. Encuentra la fuente de alegría dentro de ti. Ten esa paz en tu vida cada día.

Maharaji

31 diciembre 2006

El reflejo de la paz


Allí donde vayas todo el mundo quiere paz. No hace mucho tiempo, estuve hablando a unos prisioneros y les dije: “¿Queréis paz?” “¡Por supuesto!” Si les hablas a militares, te dicen lo mismo: “¡Por supuesto!”. Así que todo el mundo quiere paz. Pero luego preguntas: “¿Qué es la paz?” Y aquí recibes una respuesta sorprendente. Todo el mundo tiene su propia versión de la paz y cada uno la ve desde un ángulo totalmente distinto.

El otro día estaba hablando con mi sobrina y me dijo: “¡Amo ese color!”. Le dije: “¿Amas ese color o te gusta ese color?” Entonces me preguntó: “¿Cuál es la diferencia?” Le contesté: “Hay una gran diferencia. Lo que realmente quieres decir es que ‘me gusta’, y lo puedes enfatizar diciendo: ‘me gusta mucho’, pero el amor es algo más interactivo que lo que ese color te puede proporcionar”.

Del mismo modo, cuando hay silencio la gente dice “¡qué paz!”, pero lo único que hay es silencio. La gente piensa que la ausencia de guerra es paz; tienen sus propias ideas sobre la paz. Hay personas que creen que la paz es cuando todo el mundo camina muy despacio, se viste con ropas vaporosas y flores en el pelo, y todos se saludan con el símbolo de la paz. Ya no se saludan con un apretón de manos, se rozan con dos dedos y dicen: “Paz”. En fin, las posibilidades son ilimitadas, ¿no?

Permitidme que os cuente una historia. Había una vez una reina que tenía un collar muy hermoso. Un día estaba en el balcón secándose el pelo después de darse un baño. Se quitó el collar y lo colgó de un gancho. Un cuervo que pasaba por allí vio el collar brillando al sol y se lo llevó volando. Luego se le cayó sobre un árbol y se quedó enganchado en una de las ramas.


Bajo el árbol pasaba un río sucio y pestilente. Cuando la reina quiso recuperar su collar, se dio cuenta de que ya no estaba y le dio una pataleta tremenda. “¿Quién lo ha robado?” Mandó a todo el mundo a buscarlo, pero nadie podía encontrarlo. Entonces le dijo al rey: “Si no encuentro mi collar, dejaré de comer para siempre”. El rey se quedó muy preocupado y envió a su ejército y a todos los demás a buscarlo, pero nadie podía encontrarlo. Así que al final el rey dictó una proclama: “A quien encuentre el collar le daré la mitad de mi reino”. Entonces todo el mundo se puso a buscarlo en serio.Un día, un general paseaba cerca del árbol y, bajo él, vio el collar en el río. Como quería la mitad del reino, se lanzó inmediatamente a sus aguas infectas. El ministro observó al general sumergirse en el río y, viendo el collar, se tiró también. El rey vio a su general y a su ministro buscando el collar, y se lanzó; así que ahora estaban los tres intentando pescarlo. Para entonces, habían llegado más soldados y lugareños, y todos se tiraron al río.

Al final, alguien con un poco de sentido común preguntó: “¿Qué hacéis? El collar no está ahí abajo; está aquí arriba. Estáis saltando tras el reflejo”. Entonces el rey dijo: “Como lo has encontrado tú, la mitad del reino es tuyo”. Y el hombre sabio le contestó: “Yo no necesito tu reino. Quédatelo para ti”.

¿Por qué os he contado esta historia? Porque eso es lo que hacemos también nosotros. Solamente vemos el reflejo de la paz. Está muy bien que no haya guerras, pero eso solo es un reflejo de la paz, no la paz en sí misma. La paz comienza con cada ser humano sobre la faz de esta Tierra. Esto es el collar, y todo lo demás es un reflejo.

Cuando el corazón está satisfecho, cuando el ser humano se siente pleno, automáticamente la persona deja de vivir en la ambigüedad, y ya no tiene preguntas, sino respuestas. Abandona la complicación y abraza la sencillez, aquello que realmente somos. Ésta es nuestra predisposición natural; así es como necesitamos ser. Ésta es nuestra naturaleza. Cuando estamos en ese equilibrio en el que nuestros corazones se sienten satisfechos, nuestra verdadera naturaleza resplandece. Y nuestra verdadera naturaleza es hermosa. Es real. Éste es el lugar de la verdadera paz. La buscamos muy lejos, pero está muy cercana a nosotros.

Incluso en la más desesperada de las situaciones hay esperanza. Así es como somos. En cada ser humano hay una elasticidad, una comprensión, una fortaleza; es la fuerza para dirigirnos hacia las puertas de la paz interior.

Maharaji

25 diciembre 2006

Crear al Creador

¿Crees que debo darle una forma a Dios? No es necesario porque mi Creador existía antes de que yo fuera. Y esto es algo que he de recordarme siempre. Así pues, ¿por qué he de atribuirle una forma determinada? Tengo que sentir a mi Creador, no andar por ahí dándole un nombre, una definición y un género. Si lo hiciera, estaría inventándolo; y al hacerlo, yo mismo me convertiría en el Creador. Y no lo soy. Sin embargo, la gente intenta crearlo. Y no lo reconocen como una creación propia, sino que lo llaman “El Creador”. Pero lo cierto es que ellos son los creadores, los que se inventan a su propio Hacedor. Y esto es algo que se vuelve muy confuso.

Y es también bastante tonto, porque tú no puedes generar al Creador, a ese Creador que ya existe y que puedes sentirlo, aunque no puedas comprenderlo a través del pensamiento.

Maharaji en Berlín, 14 de julio de 1990. Fragmento traducido del inglés.

17 diciembre 2006

DONDE SE VUELA SIN ALAS

“En el ámbito del Conocimiento de uno mismo, el tiempo se detiene.”
Esta vida, este tiempo... Si hay una persona dispuesta a ver y otra que sea capaz de mostrar, se produce magia, verdadera magia. Así es el mundo del Conocimiento de uno mismo. Aquí es donde se vuela sin alas. Donde, no los pájaros ni las mariposas, sino los seres humanos son puestos en libertad. Aquí es donde vuelan, no los que tienen alas, sino los que no las tienen.

Aquí es donde se rompen las cadenas, donde se abren las cerraduras. Aquí es donde a los desesperados se les da esperanza, donde los ciegos empiezan a ver y los sordos a oír. Aquí es donde los tristes empiezan a regocijarse y donde el odio se convierte en amor. Aquí es donde los ignorantes se vuelven cultos.

Así es la magia de este precioso, maravilloso mundo del Conocimiento de uno mismo. Aquí es donde los vivos aprenden sobre la vida, algo que no ocurre en ningún otro sitio. Es aquí donde los vivos aprenden sobre la vida.

Aquí es donde se plantan las semillas y florecen los jardines. Aquí es donde la tierra árida y estéril se transforma en frondosos bosques verdes. Este es el mundo del Conocimiento de uno mismo. Si quieres, puedes entrar en este mundo. ¿El precio? Es elevado: tener un corazón de niño. Sin engaño ni falsedad, podrás entrar. Muy caro, pero ése es el precio.

En este mundo del Conocimiento de uno mismo se detiene el tiempo. Los inmortales empiezan a hablar y los mortales hablan de inmortalidad. Los imperfectos empiezan a comprender la perfección. La puerta al hermoso templo interior se abre de par en par y la danza de todas las danzas se empieza a bailar. Suena una música que no ha sido tocada por la mano del hombre y la oyen solo aquellos que hayan entrado. Su divinidad es dulce. En este mundo, el silencio no osa entrar y no brilla la luz del sol, ni la de la luna, ni la del fuego.

El pasaje a este mundo lo tienes, y no es un viaje largo. Esa morada se encuentra dentro de ti.

Maharaji

10 diciembre 2006

Sentir

Tu vida

Somos camaleones que van cambiando de color.

Imagínate una casa con cinco habitaciones, cada una de un color distinto: verde, amarillo, violeta, rosa y rojo, y que al entrar en ellas nos volviésemos del color de la habitación.

Eso es lo que hacemos cada vez que decimos: soy hermano, ahora soy padre, ahora soy empleado, ahora empresario, ahora abogado, ahora médico...

Camaleones. Sabemos cambiar de color para pasar desapercibidos, hasta tal punto que nos olvidamos de quiénes somos. Nos olvidamos de ese niño inocente que tenemos dentro.

Remóntate a tu niñez, muchos años atrás, cuando amabas la felicidad con todas tus fuerzas. ¿Te acuerdas de ese niño que esperaba, ansioso, a que empezase el nuevo día?

Cada día te deparaba algo emocionante. El ayer ya no importaba, y el mañana no entraba en tus planes. Ese día que comenzaba lo era todo: despertar, ver el sol y asomarse afuera con una mirada nueva. Tan simple, tan inocente, tan maravilloso. Pero entre una cosa y otra, la paz que teníamos se fue disipando.

Y todo aquello que pensábamos que algún día nos traería la felicidad, ha acabado haciéndonos sufrir.

Cuando esto ocurre, nos preguntamos: "¿Qué ha pasado? Si sólo quería paz, lo único que quería en mi vida era sentirme bien". Entonces nos planteamos: ¿qué puedo hacer? Pero, de hecho, incluso en el momento en que nos estamos preguntando eso, la alegría sigue ahí, toda aquella belleza sigue estando ahí. Nunca nos ha abandonado.

Ese niño sigue vivo y reside en nuestro interior. Y sigue pidiendo lo mismo: ser feliz. Su único deseo es ser feliz. A los niños les obsesiona la felicidad.

No hay más que observar a un niño jugando para ver ese afán que tienen por sentirse satisfechos y felices.

Cuando un niño llora es por una sola razón: porque no está satisfecho. Para él, el mañana no existe. Su sentido de la responsabilidad consiste en levantarse con el sol y decir: ya estoy despierto.

Con gran acierto, se ha dicho que sólo con un corazón de niño podremos explorar el anhelo interior. Y es que al niño no le hacen falta definiciones y formalidades para aceptar lo que necesita. Acércate al conocimiento de ti mismo con sencillez, con un corazón de niño, abierto e inocente, sin confusión y dudas.

Como seres humanos que somos, nuestra fortaleza no reside en las dudas, sino en la comprensión; no está en las preguntas, sino en las respuestas; no está en la ignorancia, sino en el conocimiento. Esa es nuestra fortaleza.

Sin importar quiénes somos ni a que nos dedicamos, podemos ser partícipes de la danza de la vida, una danza auténtica que es nuestra expresión de gratitud por esta existencia.

La sed

Todos buscamos algo, deseamos algo, pero ¿qué es? Algunos lo llaman éxito, otros paz, o amor o serenidad... Pero, de hecho, es todo lo mismo.

¿Por qué, entonces, le damos tantos nombres? Porque anhelamos algo, pero no sabemos qué. Si lo que nos falta es amor, eso es lo que buscaremos; si tenemos problemas o confusión, buscaremos paz.

¿Pero qué nos pide el corazón? Que calmemos ese anhelo interior, que saciemos esa sed que tanto tiempo llevamos sintiendo.

Y no es una sed creada; ya la tenemos. Esta existencia encierra, junto a la sed de plenitud, algo que puede saciarla.

Existe el deseo de alegría, y existe la alegría; existe el anhelo de serenidad, y también la serenidad.

Todos tenemos sed, y aunque la ignoremos, la hemos sentido desde muy pequeños. Lo único que hemos deseado siempre es calmar esa sed y sentirnos plenamente satisfechos.

Alguien me preguntó hace poco cuál era la diferencia entre el deseo y la sed. Nos pueden disuadir de un deseo, pero no de la sed; ésa es su naturaleza.
Querer un automóvil nuevo es un deseo del que se me puede disuadir pero nadie puede disuadirme de la sed que siento; tengo que calmarla. No es algo discutible, sino que es cuestión de satisfacerla.

Quiero paz, quiero esa felicidad innata que no está sujeta a altibajos. Esa clase de paz, esa clase de felicidad que busco, existe. Lo que mi corazón anhela es alcanzable.

Esta sed de paz es innata, y cuando se hace palpable en mi vida, no hace falta que nadie me pregunte si quiero paz, porque ya la he sentido, y ya sé que la quiero. Es como el sediento en medio del desierto que grita: ¡agua, agua...!

Pero lo bueno de esta clase de sed es que el agua que la sacia se encuentra en nuestro interior, y también el método para saciarla.

La sed es lo que nos impulsa a buscar el conocimiento de nosotros mismos, una forma de ir adentro, de reducir un poco la velocidad y sentir lo que hay en nuestro interior.

Y cuando lo encontremos, sabremos que nuestra sed se ha calmado; no es que nos sugestionemos o lo imaginemos, sino que tendremos la certeza, porque es una experiencia real que se asienta en los cimientos de nuestro ser.

Afortunadamente, esa sed es tan intensa por naturaleza, que nunca desaparece, nos acompaña a lo largo de nuestra vida. Sin esa sed, no nos habría interesado ni un juguete. Es esa sed la que nos impulsa, la que mueve el mundo.

Cuando saciamos nuestra sed, el resultado es una paz incomparable, una paz sin igual.

El viaje de la vida

El verdadero viaje de la vida comienza el día que nos disponemos a calmar nuestra sed.

Ese día todas las ventanas estaban cerradas y las persianas bajadas, no veíamos nada, no teníamos ni idea de qué distancia habíamos recorrido, ni de dónde estábamos ni de qué buscábamos o hacia donde nos dirigíamos.

Pero llega el día en que iniciamos el viaje.

En este viaje de la vida disponemos de una brújula, la sed de plenitud.

Nos la han regalado, la brújula ya es nuestra.

Se nos ha dado esa sed para que busquemos la manera de saciarla.

Y la brújula no deja de señalar. Señala hacia dentro, hacia el corazón, donde residen la claridad y la alegría. Es ahí adonde necesitamos dirigirnos: a nuestro interior.

Y así comienza el viaje. El viaje más fundamental no empieza en la ambigüedad, sino en la claridad. Parte del reconocimiento de que lo más bello y maravilloso reside dentro de nosotros. Han comenzado muchos viajes y nosotros somos los pasajeros. Todos somos pasajeros del tren de la vida,

aunque cada uno viaja en un vagón distinto. Al llegar a este andén, los vagones se han detenido, y todo el mundo está preocupado, preguntándose cuál será el destino.

Yo le recuerdo a la gente lo afortunados que somos de poder realizar este viaje. En el momento de partir les digo: no pienses en la siguiente parada.

Disfruta del viaje, sin más. Te esperan cosas maravillosas, así que no pierdas el tren. Disfruta del viaje.

Somos pasajeros. ¿Y adonde nos dirigimos? Nuestro papel es simplemente ser pasajeros, pasajeros que viajan por el mero placer de viajar. Un trayecto tan bello se hace porque sí. Así es el viaje de la vida, no necesita destino porque es bello en sí mismo.

Este viaje se emprende cada día. Por muy felices o desgraciados que nos sintamos, el viaje continúa.

Hubo un momento en nuestra vida en que no sabíamos que podíamos elegir. Aceptábamos lo que nos decían: así es la vida, aguanta el temporal, todo lo bueno tiene su parte mala.

Y de pronto, llega alguien que dice: no, no es así, hay otra alternativa, puedes optar por buscar la dicha y la belleza en tu vida.

Cada día que te conectes con la alegría y la belleza que hay en tu interior será un día mucho más grato. Entonces comprenderás que estar vivo es un privilegio.

La búsqueda de la plenitud es la más noble de todas las búsquedas. Quienes hayan comprendido el privilegio que poseen tendrán la valentía de emprender el viaje.

Abre el regalo

Dondequiera que vamos, encontramos a alguien que nos anima a superarnos. En los libros y en la televisión siempre nos están diciendo: escucha tal discurso, lee tal libro, haz esto, haz aquello y serás mejor persona.

Estamos vivos.

¿Acaso vivimos por casualidad? ¿Nos llega la respiración por casualidad?

Es hora de que aceptemos el hecho de que estamos vivos. Porque, cuando lo hagamos, abriremos la puerta a un esplendor que jamás podríamos haber imaginado.

Ese día empezaremos a aceptar el mayor de los regalos.

El mayor regalo no es el que nos queda por recibir, sino el que ya se nos ha dado. La paz ya se nos ha dado. Todo lo que podamos pedir, todo lo que nuestra mente pueda desear jamás, ya se nos ha concedido en lo más hondo de nuestro ser.

Pero, día tras día, hemos ido habituándonos a rechazar ese regalo, dando más importancia a nuestras actividades cotidianas, a las citas, a las reuniones... Hallamos la excusa perfecta para cada compromiso: es nuestra responsabilidad.

La responsabilidad es el estandarte de la locura del ser humano.

Con gran bondad se nos ha dado este cuerpo. Con la misma bondad se ha colocado paz en el corazón de cada persona. Gracias a esa bondad, todos tenemos un corazón. Y gracias a esa bondad, hay un anhelo dentro de nosotros por descubrir esto en nuestra vida. En cada aliento podemos sentir la bondad y la belleza que encierra. Podemos obtener de cada aliento la alegría que trae consigo, y sentirnos vivos, llenos.

Tenemos que abrir este regalo, el regalo de la vida. Tenemos que desenvolverlo para encontrar la satisfacción plena, y hacer de lo auténtico nuestra prioridad.

Entre todo lo que recordamos en un día, acordémonos del regalo del aliento. Y entre todo lo que olvidamos, olvidemos nuestros problemas.

Necesitamos ver, conocer, y sentir gratitud en nuestra vida, una gratitud que no parte de la ceguera, sino del reconocimiento, esa gratitud que surge cuando el corazón está satisfecho.

¿Cuál es nuestra prioridad en la vida? Cada mañana deseamos que ese día nos vaya bien, que sea un éxito.

Pero, ¿quién se detiene un momento para sentir el fluir desbordante de la respiración?

Empezar a sentir la vida en movimiento, sentir que el corazón desea la plenitud, y no se conforma con menos, eso es lo más noble que puede hacer el ser humano.

Sé que un día me llegará la hora de tomar el último aliento; el tren habrá llegado a su destino. Y, cuando me baje de este tren, lo que más me gustaría es poder decir: gracias, gracias por esta vida, gracias por esta existencia.

Plenitud

Tiempo atrás nos hicimos una promesa a nosotros mismos: "Algún día estaré en paz, algún día tendré serenidad, algún día seré feliz". Han pasado los años y la promesa sigue sin cumplirse.

Aquello que nos impulsó a hacer esa promesa sigue esperando que se cumpla, como también sigue esperando aquello a lo que dirigimos nuestra promesa.

No pasa un solo día, ni uno solo, sin que la punzada, el dolor, el anhelo, el deseo de felicidad llame a nuestra puerta.

Algo en nuestro interior nos dice que busquemos la satisfacción. Y respondemos: sí, estoy en ello, algún día lo haré...

Pero esa voz interior replica: quiero sentirme satisfecho ahora. ¿Por qué esperar a "algún día"? E insistimos: algún día... antes de morir, lo haré.

¿Por qué? ¿Por qué esperar a morir satisfecho cuando se puede vivir satisfecho? Vivir.

Esa es la razón por la que estamos aquí: para llenar esta vida, llenarla de gratitud, de amor y de entendimiento. Somos responsables de ello ante nuestro corazón.

No importa la edad que tengamos. Si no hemos cumplido esa promesa, por muy satisfechos que estemos a nivel externo, nos faltará la satisfacción interior.

Desgraciadamente, algunos sólo nos sentimos vivos cuando soñamos, porque al despertar nos vemos abrumados por todos los problemas y las realidades de este mundo.

Somos seres pensantes. Pensando, nos entretenemos; en nuestra imaginación llegamos a ser ricos, realizamos auténticas hazañas, nos convertimos incluso en superhéroes que salvan el mundo. Pensando, nos realizamos.

El único problema es que si alguien nos molesta, caemos de golpe desde esa nube de pensamientos, y se acabó el superhéroe, se acabó la hazaña, se acabó nuestra felicidad.

Y sin embargo, cada momento de nuestra vida nos brinda la oportunidad real de sentirnos plenamente satisfechos.

Como máquinas de sentir que somos, podemos sentir plenitud. No tenemos que imaginarla ni concebirla, la podemos sentir. ¡Qué máquina la nuestra!

Cada momento que llega viene repleto de la más maravillosa plenitud.

Aprovecha esta posibilidad, no porque haya un libro que lo diga, sino porque has oído cómo tu corazón te llama hacia esa plenitud.

Si no lo has oído, escucha, no con la mente, sino con el corazón, y oirás una voz muy, muy familiar, una voz que te ha estado llamando toda la vida.

Lo que permanece

La vida llega y se va, pasa muy rápidamente. El universo puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Nada permanece igual.

Unos nacen y otros mueren; unos vienen y otros se van. Todo está en movimiento, todo cambia, hay cambios por todas partes.

El cuerpo también cambia día a día. La energía vital entra y sale de nosotros como un latido que impulsa nuestra existencia.

Aunque mantengamos el cuerpo inmóvil, el vaivén de la respiración continúa, con todo su esplendor, su sutileza y su sencillez: es la vida en acción.

El tiempo va dejando su huella en nosotros. Cada día que pasa, nos acercamos un poco más a lo inevitable. Pero también, cada día, recibimos un regalo.

Yo le recuerdo a la gente que la vida es lo más maravilloso que existe. Cuando aceptamos la vida sin reparos, todas las piezas encajan.

Podemos recibir cada nuevo día con los brazos abiertos, porque cada día que llega encierra la posibilidad de la satisfacción plena.

Todo lo que ocurre tiene lugar en este momento que llamamos el "ahora". Creemos en el mañana y vivimos para él, pero el mañana nunca llega. ¿Por qué?

Porque en cuanto llegue mañana ya será hoy, será ahora. Por mucho tiempo que vivamos, siempre estaremos atrapados en el ahora.

Nunca veremos el mañana ni el ayer; es físicamente imposible porque existimos en el presente.

Y sin embargo, desconocemos este momento presente. No tenemos ni idea de donde nos hallamos.

Podríamos sentirnos muy a gusto ahora si dejásemos de esbozar el mañana y de retratar el ayer.

Aquí, en este momento, la vida se encuentra inmersa en una maravillosa danza en honor a la belleza de la existencia, tan majestuosa, y tan sencilla.

Mi vida comenzó en el mismo instante en que nací, a pesar de que aún no tenía nombre, porque no sabían qué nombre ponerme. Ahí estaba yo, respirando, dándole la bienvenida al aliento, sin más.

Hoy la gente me valora por mis logros, pero siempre habrá alguien que me supere. Estoy de paso, no me quedo para siempre, y sin embargo, en mi interior, y en el interior de todos nosotros, hay algo que sí permanece.

Aunque lo único que llegara a ver en este viaje de la vida fuera eso que reside en mi interior, sería feliz. Habría merecido la pena venir.